<?xml version="1.0" encoding="UTF-8"?>
<rss version="2.0"
	xmlns:content="http://purl.org/rss/1.0/modules/content/"
	xmlns:wfw="http://wellformedweb.org/CommentAPI/"
	xmlns:dc="http://purl.org/dc/elements/1.1/"
	xmlns:atom="http://www.w3.org/2005/Atom"
	xmlns:sy="http://purl.org/rss/1.0/modules/syndication/"
	xmlns:slash="http://purl.org/rss/1.0/modules/slash/"
	>

<channel>
	<title>Hernán Dinamarca - Ensayista</title>
	<atom:link href="http://www.hernandinamarca.cl/blog/?feed=rss2" rel="self" type="application/rss+xml" />
	<link>http://www.hernandinamarca.cl/blog</link>
	<description>Hernán Dinamarca - Ensayista</description>
	<lastBuildDate>Wed, 09 May 2012 18:22:46 +0000</lastBuildDate>
	<language>en</language>
	<sy:updatePeriod>hourly</sy:updatePeriod>
	<sy:updateFrequency>1</sy:updateFrequency>
	<generator>http://wordpress.org/?v=3.0.3</generator>
		<item>
		<title>El consumismo “conspicuo”</title>
		<link>http://www.hernandinamarca.cl/blog/?p=271</link>
		<comments>http://www.hernandinamarca.cl/blog/?p=271#comments</comments>
		<pubDate>Wed, 09 May 2012 18:22:46 +0000</pubDate>
		<dc:creator>admin</dc:creator>
				<category><![CDATA[Sin categoría]]></category>
		<category><![CDATA[consumismo]]></category>
		<category><![CDATA[lesera]]></category>

		<guid isPermaLink="false">http://www.hernandinamarca.cl/blog/?p=271</guid>
		<description><![CDATA[Desde mediados del siglo XX, una oleada de críticos del modo de vida moderno (Horkheimer, Galbraith, Marcuse, Fromm, entre otros) empezaron a cuestionar el consumismo de las sociedades industriales por privar a las personas de libertad. Si la memoria no me falla, en las paredes de Mayo 68 entre otras máximas como “Prohibido prohibir”, “Imaginación [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<div class="tweetmeme_button" style="float: right; margin-left: 10px;">
			<a href="http://api.tweetmeme.com/share?url=http%3A%2F%2Fwww.hernandinamarca.cl%2Fblog%2F%3Fp%3D271"><br />
				<img src="http://api.tweetmeme.com/imagebutton.gif?url=http%3A%2F%2Fwww.hernandinamarca.cl%2Fblog%2F%3Fp%3D271&amp;source=hernandinamarca&amp;style=compact&amp;b=2" height="61" width="50" /><br />
			</a>
		</div>
<p>Desde mediados del siglo XX, una oleada de críticos del modo de vida moderno (Horkheimer, Galbraith, Marcuse, Fromm, entre otros) empezaron a cuestionar el consumismo de las sociedades industriales por privar a las personas de libertad<em>.</em> Si la memoria no me falla, en las paredes de Mayo 68 entre otras máximas como “Prohibido prohibir”, “Imaginación de Ayer: Evidencia de Hoy”, algún adelantado parafraseó a Marx y escribió: “El consumo es el opio del pueblo”. Y digámoslo, el muro aquel iba contracorriente del amigo del productivismo y del progreso que fue el “querido Moro”.</p>
<p><span id="more-271"></span> En esos años, Marcuse distinguió entre dos tipos de necesidades, verdaderas y falsas, que los individuos intentan satisfacer al consumir. <em>Verdaderas</em> son necesidades vitales como alimentación, vestido o vivienda; <em>falsas</em> son aquellas de sobre consumo e innecesarias que los individuos tal vez se sientan felices al “satisfacerlas”; pero ignoran que les han sido impuestas por fuerzas sociales (<em>inmensos sujetos elípticos</em>, decía Marcuse) para aumentar el consumo, la producción y así continuar con esa cadena de esclavitud fraguada por el afán de acumulación. Las personas jamás podrán ser así autónomas, porque el consumo es un apéndice de la producción.</p>
<p>De ahí en más poco a poco se han desplegado prácticas de consumo responsable, el comercio justo, el deseo de vivir en austeridad y simplicidad voluntaria, reciclar, desmaterializar la economía, las críticas al crecimiento económico ilimitado, y una sumatoria de valores y prácticas que han intentado ir fraguando una nueva mirada y un nuevo modo de vida. Y sí, hemos evolucionado, pero todavía un buen vivir en otro modelo de satisfacción es una revolución pendiente. Y escribo a propósito revolución, porque esa sí que será una revolución existencial.</p>
<p>Además, en ella literalmente se nos van vidas. El último informe “Planeta Vivo” (2010) de la Fundación WWF nos interpelaba recordándonos que estamos consumiendo, algunos más que otros, es cierto, un tercio más de lo que los ecosistemas en la Tierra son capaces de regenerar. De seguir así, para el 2030, las proyecciones son lapidarias. WWF sugiere cambiar el sistema energético actual y el patrón de consumo si queremos respetar los límites de la Tierra. Fuerte y claro. La máxima: “El consumo nos consume” lisa y llanamente no es puro ingenio. Con todo, aún abundan los “conspicuos” del consumismo contra viento y marea, que son los mismos adalides de la irracionalidad implícita en la obsolescencia programada de tantos y tantos bienes.</p>
<p>Por ejemplo: Eugenio Guzmán Astete, Decano de la Escuela de Gobierno de la Universidad del Desarrollo, en el vespertino La Segunda del 23 de abril describía y defendía la pertinencia de “una valoración del consumo en todas sus expresiones, tanto el conspicuo como el necesario”. Su tesitura, en la lógica de la acumulación y el consumismo sin límites, pese a la evidencia de la eco-crisis, la continúan levantando los ideólogos del mundo convencional capitalista, dicen algunos, otros alegan que son tecnócratas, por mi parte prefiero tratarlos de  “anacrónicos tardo-modernos realmente existentes”.</p>
<p>Interpreto que el consumo necesario, según Guzmán, debería satisfacer las necesidades verdaderas de las que nos hablaba Marcuse. Mientras que el “consumo conspicuo” (la RAE dice de conspicuo “que es ilustre, famoso o sobresaliente”), debería satisfacer lo que Marcuse, a tono con la mirada de la sustentabilidad, llamaba necesidades falsas.</p>
<p>Curioso, aun cuando no inocente, el abuso idiomático del sociólogo Guzmán y de economistas varios, ese del “consumo conspicuo”. Me suena, parafraseando a Marcuse, a la lógica de <em>inmensos y pequeños sujetos elípticos</em>, nada de conspicuos, que quieren continuar repitiéndonos una y otra vez la letanía del consume, consume y consume, pues “eres lo que tienes.”</p>
<p>Juzgue el lector a quién acompaña la ética y la razón en estos casos, al sabio de Marcuse o a los <em>pequeños sujetos elípticos</em> que son Guzmán y sus amigos, todos entusiasmados con el consumismo, tanto el necesario como el “conspicuo”.</p>
]]></content:encoded>
			<wfw:commentRss>http://www.hernandinamarca.cl/blog/?feed=rss2&amp;p=271</wfw:commentRss>
		<slash:comments>0</slash:comments>
		</item>
		<item>
		<title>De mañanas optimistas</title>
		<link>http://www.hernandinamarca.cl/blog/?p=264</link>
		<comments>http://www.hernandinamarca.cl/blog/?p=264#comments</comments>
		<pubDate>Fri, 20 Apr 2012 19:04:57 +0000</pubDate>
		<dc:creator>admin</dc:creator>
				<category><![CDATA[Sin categoría]]></category>

		<guid isPermaLink="false">http://www.hernandinamarca.cl/blog/?p=264</guid>
		<description><![CDATA[Hay días en que algo gatilla el optimismo. Me ocurrió tras leer una columna en El Mostrador, de Wenceslao Unanue, el 20 de abril. Le cito: “En un hecho histórico sin precedentes, el 2 de abril del 2012, la Asamblea General de las Naciones Unidas, mediante la resolución A/65/L.86, apoyada por 68 países, hizo un llamado [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<div class="tweetmeme_button" style="float: right; margin-left: 10px;">
			<a href="http://api.tweetmeme.com/share?url=http%3A%2F%2Fwww.hernandinamarca.cl%2Fblog%2F%3Fp%3D264"><br />
				<img src="http://api.tweetmeme.com/imagebutton.gif?url=http%3A%2F%2Fwww.hernandinamarca.cl%2Fblog%2F%3Fp%3D264&amp;source=hernandinamarca&amp;style=compact&amp;b=2" height="61" width="50" /><br />
			</a>
		</div>
<p>Hay días en que algo gatilla el optimismo.</p>
<p><span id="more-264"></span>Me ocurrió tras leer <a href="http://www.elmostrador.cl/opinion/2012/04/20/las-naciones-unidas-y-el-nuevo-paradigma-de-desarrollo-la-felicidad/" target="_blank">una columna</a> en El Mostrador, de Wenceslao Unanue, el 20 de abril. Le cito: “En un hecho histórico sin precedentes, el 2 de abril del 2012, la Asamblea General de las Naciones Unidas, mediante la resolución A/65/L.86, apoyada por 68 países, hizo un llamado a la implementación de un nuevo paradigma: el ‘enfoque holístico hacia el desarrollo’ [paradigma sistémico y ecológico]”. La ONU encomendó al Reino de Bhutan, que presentó la propuesta, reunir de inmediato –mediados de abril- en Nueva York “a líderes claves de los países miembros, junto con prestigiosos economistas y científicos, además de representantes de la sociedad civil y líderes espirituales. La conclusión fue una sola: debemos re-pensar urgentemente nuestro sistema de mercado y re-orientarlo hacia uno que apunte a una integración más armónica entre nuestras necesidades y la naturaleza, y que ponga al ser humano y su felicidad al centro del debate.” La búsqueda de la felicidad debe pasar a ocupar el rol que durante siglos ha ocupado el crecimiento económico y el progreso material.</p>
<p><strong>Búsqueda de la felicidad; fin a la lógica del crecimiento económico y progreso material como la medida de todas las cosas; un nuevo paradigma holístico y ecológico; una nueva relación con la naturaleza. Esas son las palabras inspiradas en la idea-fuerza de sustentabilidad intergeneracional que se escuchan hoy en las Naciones Unidas.</strong></p>
<p>Y ocurre apenas 44 años después, un suspiro en la historia larga, de la convocatoria, en 1968, a la primera reunión sobre medio ambiente en Estocolmo, en 1972, cuando tímidamente la humanidad empezaba a imaginar un cambio de rumbo.</p>
<p>Recordemos que en ese entonces, las Naciones Unidas, en tesitura antropocéntrica, hablaba de “medio humano” para referirse al medio ambiente. Luego, la conferencia hito de Río de Janeiro, en 1992, fue sin duda un avance. Pero los gobiernos allí ni siquiera fueron capaces de concordar una carta de (cuidado a) la Tierra (posteriormente lo hizo la sociedad civil). Hasta llegar a un presente como historia en que la conversación en la ONU, aunque sea de un grupo de países, gira en torno a conceptos sistémicos y ecológicos que solo un par de años atrás eran impensados.</p>
<p>Sin duda, la idea-fuerza sustentabilidad ha avanzado. Son los ecos de los sesenta: cuando, tristes ante una Primavera Silenciosa (*), hombres y mujeres, tomados de la mano, salieron a las calles con nuevas palabras, adoquines, sueños y flores.</p>
<p><strong>Más allá del éxito inmediato de estas iniciativas pro-sustentabilidad en la ONU y de cuándo se harán reales los nuevos índices alternativos para medir la vida económica y la felicidad –que son difíciles en sí mismas-, lo destacable es que las conversaciones están cambiando.</strong> Y como dice nuestro maestro Maturana: conversando se co-construye y cambia el mundo en que vivimos…</p>
<p>Y ya que estamos optimistas, termino entusiasmado con un 2012 que parece se viene con todo, pero para mejor. Tenían razón nuestros ancestros. Los mayas con lo suyo. Mientras, los andinos le decían Pachakuti al cambio de era que, según sus sabios, ocurriría en este tiempo. En mi documental <a href="http://www.youtube.com/watch?v=4pHso1it7wQ&amp;context=C425265fADvjVQa1PpcFO4sBQ6omgLBrRrIjq0g9Jpa8WVZEqUJwM=" target="_blank">“El viaje en el Uro Aruma”</a>, allá en los noventa, junto a Zurita, conocimos de boca aymara el anunciado Pachakuti, el nuevo tiempo empático que sueñan los andinos, más o menos quinientos años después del antipático y triste dolor del desencuentro.</p>
<p><em>* Permítanme el parafraseo del título del libro de Rachel Carlson, que al inicio de los sesenta fue una de las primeras alertas sobre el ecocidio que venía.</em></p>
]]></content:encoded>
			<wfw:commentRss>http://www.hernandinamarca.cl/blog/?feed=rss2&amp;p=264</wfw:commentRss>
		<slash:comments>0</slash:comments>
		</item>
		<item>
		<title>Del Venceremos al Ven – Seremos</title>
		<link>http://www.hernandinamarca.cl/blog/?p=262</link>
		<comments>http://www.hernandinamarca.cl/blog/?p=262#comments</comments>
		<pubDate>Tue, 10 Jan 2012 15:33:51 +0000</pubDate>
		<dc:creator>admin</dc:creator>
				<category><![CDATA[Sin categoría]]></category>
		<category><![CDATA[mir]]></category>

		<guid isPermaLink="false">http://www.hernandinamarca.cl/blog/?p=262</guid>
		<description><![CDATA[Hace casi una década escribí una crónica para el libro “La Vida de Todos: Relatos testimoniales de juventud: 1945-2005” (1). Hoy he querido re-editarla porque, si bien ayer testimoniaba una tecla muy personal, latía en ella alguno de los nuevos signos y valores que están en el corazón del actual proceso de cambio de mirada. [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<div class="tweetmeme_button" style="float: right; margin-left: 10px;">
			<a href="http://api.tweetmeme.com/share?url=http%3A%2F%2Fwww.hernandinamarca.cl%2Fblog%2F%3Fp%3D262"><br />
				<img src="http://api.tweetmeme.com/imagebutton.gif?url=http%3A%2F%2Fwww.hernandinamarca.cl%2Fblog%2F%3Fp%3D262&amp;source=hernandinamarca&amp;style=compact&amp;b=2" height="61" width="50" /><br />
			</a>
		</div>
<p><em>Hace casi una década escribí una crónica para el libro </em>“La Vida de Todos: Relatos testimoniales de juventud: 1945-2005”<em> </em>(1)<em>. Hoy he querido re-editarla porque, si bien ayer testimoniaba una tecla muy personal, latía en ella alguno de los nuevos signos y valores que están en el corazón del actual proceso de cambio de mirada. El año 2012, desde diversas perspectivas, ya sean misteriosas, astronómicas o interpretativas del devenir social, se ha terminado por asociar a un cambio de ciclo. Para unos, el año que se inicia es símbolo de cierre y apertura en el misterio de la evolución. Para otros, los actuales signos sociales, económicos y ambientales podrían tender a concentrar energías hacia el cambio cultural (o hacia más destrucción), como antaño lo fueron otros hitos en el calendario de otras transiciones de época histórica. A inicios del 2000, cuando escribí este relato, mi ánimo era la Saudade (no hay en español una palabra así de hermosa para evocar en serena y melancólica nostalgia); hoy, mi ánimo es la esperanza. Por eso, en tres actos, aquí la comparto.</em></p>
<p><span id="more-262"></span>“A los pocos días de la temprana muerte de Roberto Bolaño (julio del 2003), leí estas palabras pronunciadas en su discurso de aceptación del premio Rómulo Gallegos: <em>“Todo lo que he escrito es una carta de amor o de despedida a mi propia generación, los que nacimos en la década del cincuenta y los que escogimos en un momento dado el ejercicio de la milicia, en este caso sería más correcto decir la militancia, y entregamos lo poco que teníamos, lo mucho que teníamos, que era nuestra juventud…”</em></p>
<p><strong> </strong>Quede absorto. Nunca nadie antes había evocado de esa manera el recuerdo de aquellos años, cuando cada uno de nosotros –los jóvenes militantes- vivíamos tan intensamente. <strong> </strong></p>
<p><strong>I ACTO: mi década de los veinte: intensa y leve, audaz y tímida, alegre y seria, ingenua y sabia, todo en un coloquial juego clandestino</strong></p>
<p>Aunque casi me caí de los años cincuenta -nací en 1959-, empatizo con el estado de ánimo de Bolaño cuando evoca a quienes “<em>escogimos en un momento dado el ejercicio de la militancia y entregamos nuestra juventud a una causa que creíamos la más generosa de las causas del mundo</em><em>, </em><em>y que en cierta forma lo era, pero que en la realidad no lo era”. </em></p>
<p><em> </em>Entre los 19 y los 30 años, militando en el MIR, fui uno más entre quienes<em> “luchamos y pusimos toda nuestra generosidad en un ideal que hacía más de cincuenta años que estaba muerto, y algunos lo sabíamos, y cómo no lo íbamos a saber si habíamos leído a Trotski o éramos Trotskistas, pero igual lo hicimos, porque fuimos estúpidos y generosos, como son los jóvenes, que todo lo entregan y no piden nada a cambio&#8230;”</em></p>
<p>Yo, como tantos otros, había llegado al MIR transitando mi propia deriva e inspirado, como todos, por una compleja historia. Si alguno de nuestra generación, que ahora lee estas páginas, coincide con alguna de mis huellas, una vez más, me sentiré con él o ella conectado.</p>
<p>- Llegué al MIR animado por el sueño de la igualdad y, hay que decirlo, enarbolando el dolor social y la rabia. Sueño y rabia que nos impulsó hacia una frontal lucha política, en el sentido de querer ir rápida y a veces ciegamente hasta las raíces para realizar nuestro sueño y así aminorar el dolor.</p>
<p>- También lo hice de la mano de apasionadas lecturas y conversaciones. Deslumbrante fue la experiencia a los 12 años en un Campamento de Verano organizado por la Unidad Popular en la playa de Papudo. Ahí fui entusiasmado por las revelaciones acerca de la naturaleza que nos hizo un joven tupamaro uruguayo; que había venido a Chile para participar del sueño de un pueblo Allendista y cristiano Tomicista. Nunca he olvidado cuando nos seducía enseñándonos la geológica formación de las rocas y de la arena por el incesante movimiento de las olas. Ese aprendizaje, literalmente, fue una revelación para mi conciencia de niño. Aún no termino de comprender lo que ha significado en mi deriva el conectar por primera vez con el decurso del tiempo y con el devenir de la red de las cosas.</p>
<p>Después, entre los 15 y los 17, durante mis viajes en micro, de la casa al liceo y del liceo a la casa, literalmente devoré <em>Los Manuscritos Económicos Filosóficos</em> de Carlos Marx. Sus palabras fueron otra revelación: los humanos éramos seres históricos, pues deveníamos extrañados y enajenados de la naturaleza.</p>
<p>Más tarde, en el Pedagógico de la Universidad de Chile, entre 1977 y 1981, casi todos éramos alegres jóvenes vestidos de negro. Pese al Toque de Queda, despertábamos al amor y a la fiesta en el café Pushkin, en el bar Los Cisnes o en cualquier boliche de la Plaza Italia, donde muchos también  iniciábamos con decisión la militancia anti-dictadura. Una militancia que en esos duros años, junto a ser una activa denuncia ética y social, era sinónimo de diálogo, preparación y crecimiento.</p>
<p>Lo nuestro era lectura y cine. Leíamos, por atracción y rigor ideológico (pues todo esto era muy serio), a Marx, Engel y Trotsky, por supuesto. A Lenin, a Rosa Luxemburgo, a Hegel, a Kant, a Gramsci, al Marqués de Sade, a Fourier, a Locke, a Descartes, a Nietzsche, a Heidegger, a Benedetti, a Vargas Llosa, a Galeano, a Brecht, a Rimbaud, a Baudelaire, a Kafka, a Chjov, a Joyce, a Borges, a García Márquez, y a tantos otros.</p>
<p>Y al cine-arte, a finales de los setenta, íbamos a emocionarnos a un sótano en la calle Moneda -al Toesca- y, ya en los ochenta, al Normandie de Plaza Italia. Lo hacíamos atraídos por el futuro a lo <em>Blade Runner</em>, por Herzog, por Fassbinder, por Polanski (uf, el film <em>El Inquilino</em> me hizo sufrir como nada lo ha hecho hasta ahora). O bien en algún cine de barrio santiaguino nos dolía la vida al ver <em>Hotel Kleinhof</em> o <em>Buscando a Mr. Goodbar. </em>Como a los ignorantes censores de la época los títulos de estas películas nada decían, ellas estaban ahí para ser vistas por nuestros ojos ávidos de belleza y drama.</p>
<p><strong>-</strong> Fui especialmente atraído por la asertiva invitación del MIR hacia la acción histórica. Tal vez lo más intenso desde que soy consciente ha sido mi profundo vínculo con la Historia y también con la historiografía.</p>
<p>Con la Historia, porque si ésta era la auto-creación de lo humano en el tiempo a través de la praxis creadora de cultura, entonces qué ganas y qué oportunidad teníamos de cambiar la Historia y mi historia. Hombre y mujeres nos sentíamos convocados a cambiar el mundo a través de una práctica revolucionaria. Esa fue, sin duda, la nutriente e insuperada revelación marxiana.</p>
<p>Y con la Historiografía, porque si ésta era lo que los humanos reflexionábamos, interpretábamos o distinguíamos acerca de la Historia (que, repito, es simplemente el devenir de lo humano en el tiempo y en el espacio), entonces qué ganas y qué necesidad de conocer cada texto escrito acerca de ése devenir. En esos años, ambas pasiones, la acción histórica y el saber historiográfico, iban de la mano, al menos entre los jóvenes espíritus rebeldes.</p>
<p><strong> </strong></p>
<p>- Y<strong> </strong>finalmente llegué al MIR para vivir lo que sería el necesario aprendizaje de un ego dispuesto a participar de una ineludible, heroica, romántica y, hay que decirlo, a veces irresponsable clandestinidad. Todo eso en una vital ambigüedad.</p>
<p>Muy a tono con la clandestinidad, el irreflexivo ánimo de los jóvenes armados: léase aquel intento de un jaque mate al sistema social, que creíamos era la milicia y la militancia.</p>
<p>Tantos sueños y mucha entrega. Tanto derroche de vida: éramos tan jóvenes. Reíamos y caminábamos cuadras y cuadras después de una fiesta y en pleno toque de queda. Nos animábamos al ritmo del vino al escuchar en una peña cualquier tema de Manns, Paco Ibáñez, Silvio o Viglietti.</p>
<p>La prosa de Marx y la poesía de Rimbaud nos seducían. Con la razón del viejo de barbas blancas queríamos cambiar el mundo y con el corazón del vate joven y eterno queríamos cambiar la vida y sentar a la belleza en las rodillas.</p>
<p><strong>II ACTO: el desencanto y re-encantamiento en una atmósfera histórica singular </strong></p>
<p>Nuestra generación nació a la vida consciente con el cercano recuerdo de la derrota del sueño allendista en Chile. Luego, ya en plena juventud, nos tocó impresionarnos, incrédulos, con la caída de la URSS, del muro y, en especial, con la derrota en las urnas del Sandinismo en una Nicaragua “tan violentamente dulce”, como gustaba decir Cortazar.</p>
<p>Una sola anécdota muy personal para dimensionar lo que significó el impacto de esa caída: como dirigente de la juventud del MIR tuve la oportunidad de ir a algunos países de Europa del Este. Si bien éramos muy críticos del socialismo real, mal que mal era nuestra opción como camino de modernización de nuestros países. En un viaje me regalaron una bella colección de afiches con la épica del realismo soviético desde 1917 hasta inicios de los ochenta. Pues bien, tanta era mi desolación al ver que ese mundo socialista se derruía, que en un arrebato decidí quemar todos esos afiches. Hoy, evocar ese gesto, me causa pena y disgusto.</p>
<p>El año 89 ó 90 algunos que proveníamos del mundo universitario y habíamos liderado las expresiones más jóvenes del MIR, nos fuimos al Partido Socialista. En mi caso, sin embargo, ese tránsito político solo fue un gesto formal, pues desde antes venía intuyendo que una profunda nueva mirada habitaba en el emergente paradigma sistémico y ecológico o, dicho en clave historicista, en el proceso emergente de una posmodernidad históricamente constructivista.</p>
<p>En esa nueva morada y mirada, en las últimas décadas post sesenta del siglo XX, empezamos a habitar quienes conectamos y/o hemos ido construyendo las nuevas y diversas sensibilidades críticas y contraculturales. Todo lo que he escrito y he realizado audiovisualmente desde mis treinta, ya sea en autoría o en co-autoría, ha sido una crítica a las ideas &#8211; fuerzas y valores dominantes en la cosmovisión moderna y una y otra pregunta que contribuya a la construcción de la nueva morada o nuevo modo de vida.</p>
<p>Hoy puedo decirlo: hemos sido una generación existencialmente desgarrada. Fuimos los últimos partícipes de una de las variantes para construir y administrar la modernidad, la socialista (la otra lo ha sido la capitalista). En vital paradoja crecimos inmersos en el ocaso de los valores e ideología –la mirada y el modo de vida- de una época histórica: la moderna occidental, que había sido portadora de tantos sueños, y en simultáneo hemos crecido en la emergencia de una nueva mirada.</p>
<p>De la mano de nuestros sueños, nuestras sombras.</p>
<p>Los <em>miristas –</em>acordes al<em> </em>patrón entre los hombres y mujeres modernos- éramos jóvenes que en las interacciones personales y en nuestra auto-mirada carecíamos de inteligencia emocional. Éramos portadores de una fría racionalidad, amantes del todo o nada y del blanco y negro, sin matices, amigos de lo totalitario como mirada: yo soy poseedor de la verdad, que es absoluta, decíamos. Éramos adalides de lo social versus lo personal. Enfocados en lo social y en la macro historia, olvidamos nuestro mundo cercano, los afectos, e incluso, sin quererlo, mancillamos a nuestros seres más cercanos, dejando a hijos y amores en una triste indefensión (2).</p>
<p>Ilusamente queríamos transformar el mundo casi sin tocar nuestra mochila interior, incapaces siquiera de reconocer nuestra propia sombra, sin poder ver que el mundo sólo cambia con nosotros. Por eso, más tarde, y no sin crisis, toda mi deriva ha sido ir poco a poco, y con obvias tensiones e inconsistencias, tratando de superar en el vivir cotidiano esa singular mirada moderna.</p>
<p>En lo existencial, muchos de nuestra generación, sin Dios ni Dioses, sin emoción de re-ligare con el todo y con la naturaleza, llevamos a su máxima expresión tal vez la más profunda emoción de los hombres y mujeres de la modernidad occidental: la conciencia de separatividad, de enajenación de la naturaleza, que ha sido la causa última de todo el descalabro ecológico en que la modernidad azul y roja ha dejado el mundo.</p>
<p>Como corolario de esa emoción, también llevamos a su máxima expresión la tiranía del ego y, en consecuencia, vivíamos en el <em>ego-istmo</em>, mancillando así la convivencia. Y desde ahí, a un paso, venía la exacerbación del conflicto. Por eso, más tarde, y no sin crisis, también he ido tomando distancia de ésa tesitura existencial.</p>
<p>En el ámbito de la conciencia histórica, nuestra generación fue la última heredera del moderno sueño originario del progreso. Este a poco andar mutó a simple fe o una confianza ciega y acrítica en el crecimiento económico, en la tecnología y en una ciencia reduccionista enfocada solo en “ellos”, en lo exterior. Por eso, más tarde, y no sin crisis, he ido abandonando ésa conciencia histórica lineal y expansiva. Y desencantados de ése exceso antropocéntrico, tan egótico, la deriva posterior de muchos de nosotros ha sido empezar a asumir la necesidad del equilibrio entre la cultura-naturaleza y la naturaleza-cultura o un aprender a vivir en red con los otros seres vivos.</p>
<p>Fuimos también los últimos herederos de la destructiva ideología del Venceremos a un enemigo a aniquilar. “<em>Ya van a ver, ya van a ver, cuando los obreros se tomen el poder”,</em> gritábamos no pocos estudiantes en los momentos más duros de la dictadura. Convencidos que si nosotros nos apropiábamos del poder y la riqueza, podríamos llevar la Historia hacia nuevos derroteros y, por los siglos de los siglos, el ser humano transitaría por la justicia. Por eso, más tarde, muchos nos alejamos de ésa ingenua y brutal convicción y estado de ánimo.</p>
<p>Y ya muy cansados fuimos los últimos herederos de la dolorosa y milenaria lógica del dominio, del control y del desprecio. Dominados y dominadores, todos hemos sufrido con el dominio del hombre a otro hombre; del hombre a la mujer; a los homosexuales, a los discapacitados físicos y mentales; del occidental blanco y moderno a cualquier otro hombre o mujer diferente y originario de otros lugares del mundo; y de hombres y mujeres intentando el imposible control de la naturaleza. Por eso, con tensiones aunque muy sereno, como muchos he sido seducido por la emoción de la renuncia a una sensibilidad que, tal vez sin quererlo, niega el amor.</p>
<p><strong>III ACTO: ruptura (Venceremos) y continuidad (Ven-Seremos)</strong></p>
<p>Reitero: la modernidad occidental, la madre histórica de socialistas y liberales, en sus versiones más o menos fanáticas, y paradójicamente en su cenit expansivo de la globalización, ha empezado a vivir desde hace algunas décadas su ocaso histórico. En simultáneo, algo nuevo esta emergiendo en su propio seno. Lo nuevo es precisamente la Posmodernidad históricamente constructivista: un presente como Historia que se abre a nuevos sueños y deseos que nos han empezado a involucrar y que seguirá involucrando a las nuevas generaciones.</p>
<p>En esta deriva, he vivido una profunda ruptura -como la mencionada antes al desnudar mi desencanto-; pero también una profunda continuidad, que surge de un nuevo encantamiento sobre la base de la misma emoción desgarrada y asombrada que desea evolucionar. Una profunda ruptura con esa atmósfera emocional e intelectual de la cosmovisión moderna, tan encarnada en mí; pero también una profunda continuidad con mis sueños más caros y con una manera de ser.</p>
<p>Nunca me he alejado de los mejores sueños de nuestra juventud, que ya han pasado a ser los mejores logros evolutivos de las potentes luces modernidad: la democracia, la autonomía y la fraternidad, por ejemplo. No he renunciado a ningún sueño, sino tan solo a ideas que, como sabemos, siempre están acotadas a sus tiempos. Ni menos podría haber renunciado a mi conciencia desgarrada y asombrada, que es lo más honesto y profundo que ayer me llevó a una deriva mirista. En lo íntimo sigo impulsado por esa conciencia, pues, simplemente no puedo –ni podemos- ser de otra manera.</p>
<p>Por todo eso, no me arrepiento de nada. ¿Cómo podría arrepentirme de vivir animado simplemente por la intensa gracia del vivir? Los que se arrepienten son los que desde la mentira causan dolor. Sin duda, que cometí y cometimos errores (y esos, los he asumido y trato todos los días de no reiterarlos). Pero la mentira no es lo mismo que el error. La mentira es una con la conciencia de mentir; el error, en cambio, no es conciente, simplemente nace de la acción. De la mentira, claro que sí, debemos arrepentirnos; pero no de errores que suelen ser hijos de acciones casi siempre precipitadas.</p>
<p>Volviendo a Bolaño, tan intensa en el discurso en comento fue su franqueza como su exceso. Porque es un exceso afirmar que “<em>luchamos a brazo partido, pero tuvimos jefes corruptos, líderes cobardes, un aparato de propaganda que era peor que una leprosería”.</em> Eso es duro, y no lo comparto. Salvo excepciones, nuestros jefes y líderes no fueron corruptos ni cobardes. Sé que el uso de esos adjetivos eran parte del tono propio de Bolaño. Aunque, reconozcámoslo, la vocación por los excesos ha sido común a toda nuestra militante generación.</p>
<p>Claro que por sobre todo se agradece su franqueza al afirmar que “<em>luchamos por partidos que de haber vencido nos habrían enviado de inmediato a un campo de trabajos forzados”. </em>Gracias por recordarnos que así, y con mucho terror y dolor, precisamente ocurrió en revoluciones modernas que solían devorar a sus propios hijos. Si hubiésemos vencido, más tarde o más temprano, podríamos haber sido nosotros las nuevas víctimas existenciales.</p>
<p>Bolaño nos recordaba que cuando generosamente militábamos nuestro ideal “<em>hacía más de cincuenta años que estaba muerto”. </em>Si, pero&#8230; Lo muerto, si se quiere visto hoy en perspectiva, era solo una ideología: la variante marxista intra-modernidad (y hoy, pese a lo que digan los reaccionarios tecnócratas de izquierda y derechas, esta por lo menos agónica o bien muerta en cuánto a proyectos la variante capitalista intramodernidad).</p>
<p>Pero, ni ayer lo estaban ni hoy están muertos nuestros sueños y deseos más generosos como seres humanos: el asombro como motor evolutivo y la compasiva empatía ante el dolor ajeno e íntimo. Eso no ha muerto ni morirá. Salvo que creamos que en el devenir de todos y cada uno de aquella generación, algo de cinismo haya inundado los ojos. Esos sueños y deseos desde siempre han nacido de una profunda bondad del ser humano. La nuestra, lo intuyo, era y sigue siendo la causa más generosa del mundo: evolucionar hacia un mejor vivir.</p>
<p>Lo que si ha muerto, y con todos sus ecos, es la consigna y convicción del Venceremos. Ese Vencer a rajatabla y pasando por encima de todos y cómo sea. Hoy no creo en eso. Esa es nuestra ruptura fundamental. Me liberé del deseo de dominio, del control, de la guerra, de la conciencia separada y del Vencer.</p>
<p>Ahora creo, y esta es mi continuidad, en la interacción humana sobre la base de la legitimidad de las diferentes miradas. En la co &#8211; deriva de seres que nos vamos haciendo y evolucionando en el día a día, mirándonos con respeto. En que la gran aventura evolutiva de cada uno es aprender a lidiar con el ego, a calmar a ese señor violento, inseguro y miedoso que quiere opacar nuestros mejores humores y amores.</p>
<p>Creo en la co-deriva en red de toda la vida y en que debemos tomar partido por conservar la biodiversidad y la diversidad cultural. En ese sentido, a mucha honra hoy me declaro “conservador” y anti las sombras de la modernidad. Pues en su luz la modernidad nos abrió por primera vez los ojos hacia una conciencia mundicentrica (eso fue la declaración universal de los derechos humanos); pero en su sombra la singular mirada moderna (en la evolución cultural es un hecho muy singular) también irradió <em>urbi et orbi</em> el más soberbio ensañamiento con los ecosistemas y con los matices no blancos del mundo, ya sean negros, cobrizos indígenas o amarillos asiáticos, amén de otros diferentes.</p>
<p>Aún participo de la intuición moderna que nos enseña que los hombres y mujeres hacemos la Historia; sin embargo ahora también sé que la vamos haciendo de la mano del misterio de la evolución del Universo y del misterio que, en el devenir del Universo, es nuestra conciencia.</p>
<p>Y por eso, al terminar estos recuerdos, no puedo dejar de compartir la profunda impresión que causó en mí el descubrimiento de una maravillosa y reveladora “nueva palabra”, que recién hace poco (el 2004) leí en el afiche de una lista al Centro de Alumnos de la Universidad de Chile. Con una iluminada lucidez, estos jóvenes del siglo XXI resumían su actual lema: VEN-SEREMOS. Una innovadora consigna que parafrasea la forma lingüística del ayer (Venceremos), pero abriendo otro continente de sentidos: Ven, acompáñame, que juntos, sin excluirnos ni dominarnos, Seremos.</p>
<p>En eso están hoy tantos jóvenes y no tan jóvenes. Y ese sueño es mi única y bella continuidad. En fin, simplemente he transitado desde un joven Venceremos del ayer a un joven Ven-Seremos del hoy”.</p>
<p>1) Este texto es la re-edición de extractos de una crónica publicada en el libro “La Vida de Todos: Relatos testimoniales de juventud, 1945-2005”.  Editor Eduardo Yentzen. Ediciones Universidad Bolivariana. 2006.</p>
<p>2) El notable documental <em>El edificio de los Chilenos</em> de Aguiló-Foxley evocó recientemente esas emociones con una belleza y sinceridad inusual en el país.</p>
]]></content:encoded>
			<wfw:commentRss>http://www.hernandinamarca.cl/blog/?feed=rss2&amp;p=262</wfw:commentRss>
		<slash:comments>0</slash:comments>
		</item>
		<item>
		<title>Las cosas por su nombre: ¡fue una dictadura cívico-militar!</title>
		<link>http://www.hernandinamarca.cl/blog/?p=259</link>
		<comments>http://www.hernandinamarca.cl/blog/?p=259#comments</comments>
		<pubDate>Fri, 06 Jan 2012 16:34:17 +0000</pubDate>
		<dc:creator>admin</dc:creator>
				<category><![CDATA[Sin categoría]]></category>
		<category><![CDATA[dictadura cívico - militar]]></category>
		<category><![CDATA[educación]]></category>

		<guid isPermaLink="false">http://www.hernandinamarca.cl/blog/?p=259</guid>
		<description><![CDATA[El gobierno, por “rigor ideológico”, reitera sus leseras. Incorporar en los textos escolares  el eufemismo “régimen militar”, en un intento por edulcorar un pasado que involucra emocional y políticamente a muchos de sus integrantes, es solo una más. Tal vez, lo innecesaria y vacía de la medida, le hace más absurda. No conduce a nada [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<div class="tweetmeme_button" style="float: right; margin-left: 10px;">
			<a href="http://api.tweetmeme.com/share?url=http%3A%2F%2Fwww.hernandinamarca.cl%2Fblog%2F%3Fp%3D259"><br />
				<img src="http://api.tweetmeme.com/imagebutton.gif?url=http%3A%2F%2Fwww.hernandinamarca.cl%2Fblog%2F%3Fp%3D259&amp;source=hernandinamarca&amp;style=compact&amp;b=2" height="61" width="50" /><br />
			</a>
		</div>
<p>El gobierno, por “rigor ideológico”, reitera sus leseras. Incorporar en los textos escolares  el eufemismo “régimen militar”, en un intento por edulcorar un pasado que involucra emocional y políticamente a muchos de sus integrantes, es solo una más. Tal vez, lo innecesaria y vacía de la medida, le hace más absurda. No conduce a nada que pueda durar, solo separa. Tan así es, que incluso ha concitado las iras de líderes de su propia coalición.<span id="more-259"></span>Ríos de tinta han inundado los medios y las redes sociales. En su mayoría satirizando una medida inconsulta en un área tan sensible en la actual coyuntura política como lo es la educación. Incluso la tinta ha llegado a medios internacionales, a quienes les cuesta comprender las cosas que hacemos los chilenos.</p>
<p>Cristóbal Bellolio, en una buena columna en El Mostrador, se equivoca y acierta. Escribe: <em>“¿Fue una dictadura? Evidente. ¿Fue un régimen militar? Por supuesto. En estricto rigor, ambas categorías sirven para etiquetar el período Chile 1973-1990. Lo que hoy está en discusión no es un asunto de precisión conceptual sino un reconocimiento al poder simbólico de las palabras. Y el término dictadura expresa una mayor carga de rechazo”.</em> Acierta Bellolio: aquí lo que importa es el enorme sentido de las palabras, que tanto evocan, que construyen mundo, pues es el único reino en que todos moramos. Y también se equivoca, porque no es tal que ambas categorías sirvan para etiquetar lo que fue ese periodo.</p>
<p>Fue una dictadura. Si. Pero necesita un apellido. Fue un régimen militar. Si. Pero no lo fue exclusivamente. Digamos las cosas por su nombre: en estricto rigor fue una <em>Dictadura Cívico – Militar</em>.  Horrorosa en su terrorismo de Estado, así como re-fundacional de una institucionalidad económica, social y política, de signo neoliberal. En el horror, en mayor medida, y en lo re-fundacional, en menor, comparte el tono con otras dictaduras cívico-militares del cono sur de América a mediados del segundo quinquenio del siglo XX.</p>
<p>Esto, sin embargo, en las variopintas opiniones, en los medios y en las redes sociales, suele soslayarse. Cuando traerlo a la mano es condición para una sana memoria y una evocadora manera de dar a las palabras la profundidad que merecen. Además, evocarlo, permite mejor comprender la complejidad emocional de por qué la señora Fontaine y Cía. hacen lo que hacen.<em></em></p>
<p>Vamos por parte. Un buen diccionario de la lengua española nos ayuda a dotar de algunos atributos al concepto. Dictadura: <em>“g</em><em>obierno que prescinde del ordenamiento jurídico para ejercer la autoridad sin limitaciones en un país; tiempo que dura este gobierno; fuerza dominante, concentración de la autoridad en un individuo, un organismo, o una institución…”</em> (<a href="http://www.elmundo.es/diccionarios/">http://www.elmundo.es/diccionarios/</a>).</p>
<p>Concordaremos sin mayor cuestión que en Chile hasta 1980 se prescindió del ordenamiento jurídico pre-existente y a partir de ese año, hasta el final del periodo de Pinochet, hubo un orden creado a imagen y semejanza de los constitucionalistas del gobierno, liderados por civiles y juristas del estilo Jaime Guzmán. De ahí que, guste o no, académicamente ha sido mucha y pertinente la discusión sobre un eventual vicio de génesis: el nuevo orden se hizo en dictadura en forma antidemocrática.</p>
<p>Aceptaremos también que hubo fuerza dominante, concentración de la autoridad en un individuo. Recuerdan la metáfora del patriarca y sus hojas inamovibles, que a no ser por sus ecos trágicos, apenas daría para festín. Y, en una convivencia que lindaba entre la idolatría, el miedo y el desprecio hacia el patriarca solitario y refunfuñón, hubo también una concentración de la autoridad en organismos e instituciones políticas, sociales, económicas, cuyos sillones estaban ocupadas por una larga lista de civiles que hicieron durante casi 20 años lo que quisieron en el país, tanto que lo re-inventaron (en mi opinión en burda copia y de mala manera).</p>
<p>Hechos. La ardiente llama encendida en Chacarillas el año 77, donde 77 jóvenes expresaban a la Junta de Gobierno, nos lleva directo a ministros y autoridades del actual gobierno. En la organización del evento, hoy lo sabemos, entre otros participó el militar de triste memoria, Krassnoff. Mientras, en El Mercurio, el 9 de julio del 77, editorialistas civiles escribían: son la <em>“representación simbólica de la juventud chilena en su compromiso permanente con la tradición y los valores fundamentales del país”. </em></p>
<p>Ahí estuvieron: Andrés Chadwick, Ministro vocero del actual gobierno; Cristián Larroulet, Ministro Secretario General de la Presidencia; Joaquín Lavín, ayer Ministro de Educación, hoy de Planificación Nacional; el actual Presidente de la Cámara de Diputados, Patricio Melero, y el presidente del partido de gobierno (la UDI), Juan Antonio Coloma. Eso entre las autoridades en ejercicio. Ahí estuvieron también, exitosos empresarios de la educación, ex políticos de la UDI y RN, amén del cantante Roberto Viking Valdés, profesionales como Fernando Barros y el ex animador Antonio Vodanovic.</p>
<p>Por otra parte, en un informado<em> paper</em> académico de Carlos Huneeus, de julio del 2001, <em>“La Derecha en el Chile después de Pinochet: El caso de la UDI”</em>, se expone con claridad meridiana la pertenencia activa y comprometida de un contingente importante de actores de la UDI y RN –partidos de la actual coalición de gobierno- en el régimen encabezado por Pinochet. Un solo ejemplo: del total de los diputados de la UDI y RN elegidos en las tres primeras elecciones en democracia, el 48% de los de la UDI había sido alcalde y el 24% había ocupado otros cargos en el régimen militar. Es decir, casi un 75%. En RN, la relación es apenas un poco menor.</p>
<p>Desconozco el dato de la cantidad de civiles –y su relación comparada con los uniformados- que desde el 11 de septiembre de 1973 hasta marzo de 1990 participaron en cargos de gobierno, ya sean políticos ó técnicos (si acaso es posible esa diferencia). Pero todos los que estábamos atentos al país en esos años, recordaremos que parte importante de las autoridades políticas en Ministerios, subsecretarías, jefaturas de servicios, eran civiles. La gran mayoría, además, provenían de los partidos políticos que promovieron el “pronunciamiento” militar. Si, digámoslo con asertividad: los civiles que políticamente eran partidarios y gestores del gobierno de Pinochet y de sus reformas, eran muchos, y fueron el cerebro constitutivo del mismo.</p>
<p>Por eso, se equivoca Bellolio y se equivoca la señora Fontaine. Lo que encabezó el caballero de triste memoria, no fue un régimen militar. Apenas, siendo generosos, podríamos decir que fue un régimen cívico-militar. Sin embargo, como veíamos, calza mejor el concepto dictadura cívico militar. Cualquier persona mínimamente educada entiende que la palabra dicta-dura se compone de dictar, de ordenar + dureza… dictados duros. Y eso fue ese periodo en Chile: un tiempo de edictos, de bandos, de decretos, en general muy duros, tanto que si no estabas de acuerdo con ellos los caminos de la vida eran más dolorosos que lo acostumbrado. Esos son hechos históricos.</p>
<p>Ahora, acierta Bellolio en que en rigor asistimos a una disputa de sentidos. No estamos ante un debate erudito acerca del concepto que mejor da cuenta de la historia reciente del país. Es la razón del por qué la Sra. Fontaine, con la anuencia del nuevo Ministro de Educación, han hecho lo que han hecho. La pertenencia emocional de parte relevante del actual gobierno, la UDI en pleno por lo pronto, con “la obra” refundacional de la dictadura en que participaron, es lo que les lleva a hacer estas “correcciones de sentido”. Tan simple como eso.</p>
<p>Incluso en la defensa pública de la decisión que hizo la coordinadora nacional de la Unidad de Curriculum y Evaluación del Mineduc, la Sra. Fontaine, afirmó que optar por “régimen militar” apunta a mostrar que puede haber diferentes “puntos de vista y experiencias”. Ella, discursivamente, confunde el legitimo y necesario respeto a la  diversidad de puntos de vista y experiencias, con el uso de un eufemismo para ocultar lo inocultable. En este caso, negar de manera conciente que lo que hubo en Chile fue una Dictadura cívico &#8211; militar. Tal vez si ella y quienes apoyan la decisión aceptarán su pertenencia emocional con el periodo en cuestión, sería más digno y se podría conversar de mejor manera un asunto tan difícil como relevante. Pero no lo hacen. Sin ninguna empatía con la mayoría del país, solo cambian los textos.</p>
<p>La comunicadora Victoria Uranga, en una interesante columna (Palabras con Historia y Futuro, en <a href="http://www.sitiocero.net">www.sitiocero.net</a>), abordaba el asunto desde la profundidad del sentido que evocan las palabras. <em>“Mi abuela diseñaba, cortaba y cocía ropa con destreza admirable. Mis primeras tenidas de niña, como casi todos los trabajos de artes manuales del colegio, fueron siempre hechos con su aguja mágica. Un día le dije que era una gran “costurera”, y se enojó muchísimo. Me respondió que ella era “modista”. Para ella la diferencia era radical, para mi inocua, pero cuando me metí en el significado que esas palabras tenían para ella, entendí su molestia”. </em></p>
<p>Guardando las debidas proporciones, algo así puede que ocurra a los nostálgicos del periodo. Dictadura es una palabra fea, es dura en el imaginario país. Connota todo aquello que los participes del periodo querrían dejar atrás y solo bailar con lo que consideran digno. Régimen militar, en cambio, es un concepto más blando (además que permite el lavado de manos de los civiles, al menos en los aspectos más duros).</p>
<p>Pero en ese terreno transitamos por el análisis comunicacional y de las emociones tras las palabras. Y eso es lo que deberían discutir, en respeto y en una empatía en la medida de lo posible –como lo quería Aylwin-, lo alumnos en las aulas cuando traten las materias del periodo de la Dictadura Cívico-Militar en Chile. Es la única manera de activar una sana memoria, construir un país fundado en el respeto y hacer historiografía seriamente.</p>
]]></content:encoded>
			<wfw:commentRss>http://www.hernandinamarca.cl/blog/?feed=rss2&amp;p=259</wfw:commentRss>
		<slash:comments>1</slash:comments>
		</item>
		<item>
		<title>Desafío 2012: una educación pública y de calidad</title>
		<link>http://www.hernandinamarca.cl/blog/?p=257</link>
		<comments>http://www.hernandinamarca.cl/blog/?p=257#comments</comments>
		<pubDate>Wed, 07 Dec 2011 19:53:58 +0000</pubDate>
		<dc:creator>admin</dc:creator>
				<category><![CDATA[Sin categoría]]></category>

		<guid isPermaLink="false">http://www.hernandinamarca.cl/blog/?p=257</guid>
		<description><![CDATA[Si, es posible una educación pública y de calidad. Con esta frase hace unas semanas respondía a un amigo chileno que me preguntó acerca de la educación en Alemania. El solo quería conocer otras experiencias, luego que este 2011 nuestros jóvenes han dicho basta y echado a andar en pos de una mejor educación. En [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<div class="tweetmeme_button" style="float: right; margin-left: 10px;">
			<a href="http://api.tweetmeme.com/share?url=http%3A%2F%2Fwww.hernandinamarca.cl%2Fblog%2F%3Fp%3D257"><br />
				<img src="http://api.tweetmeme.com/imagebutton.gif?url=http%3A%2F%2Fwww.hernandinamarca.cl%2Fblog%2F%3Fp%3D257&amp;source=hernandinamarca&amp;style=compact&amp;b=2" height="61" width="50" /><br />
			</a>
		</div>
<p>Si, es posible una educación pública y de calidad. Con esta frase hace unas semanas respondía a un amigo chileno que me preguntó acerca de la educación en Alemania. El solo quería conocer otras experiencias, luego que este 2011 nuestros jóvenes han dicho basta y echado a andar en pos de una mejor educación. En calidad y obviamente en el acceso, sin que se les vaya la vida en pagarla a crédito. Esto último, a todas luces un absurdo. Sí la educación alienta un mejor vivir, como se puede condenar a las nuevas generaciones a un mal vivir –pues, ése es el sino de las deudas casi vitalicias.</p>
<p><span id="more-257"></span><strong>Prólogo</strong></p>
<p>Antes de narrar mi experiencia en Alemania, quiero introducir un par de principios que me animan en esta relevante materia (la educación) y algunas convicciones al momento de hacer un balance de la emergencia del movimiento ciudadano este año 2011.</p>
<p>Respecto a los principios, la experiencia y la academia me han enseñado que la educación, en sentido lato, es un gesto clave e inherente al vivir humano. Sin ella no habría reproducción de la vida social, no habría Historia ni memoria, ni evolucionaríamos en el lenguaje que moramos. La educación es socialización y es concientización –en el sentido de formar conciencias. Ergo, la educación es incluso más que un derecho fundamental, ya sea para bien o para mal es lisa y llanamente condición de la vida social. En breve: <em>dime la educación que tienes y te diré la sociedad que construyes. </em></p>
<p>Y en la mediación intergeneracional que es la educación, para que sea sana, es necesario un vínculo de respeto; una relación empática entre maestro y discípulo ó, dicho más complejamente, entre educador-educando y educando-educador. Relación, además, que, más allá del cambio temporal en las técnicas usadas, siempre ha conservado la exigencia de un entorno social pro-activo en la generación de esas condiciones; en el que no se confunda autoritarismo con autoridad.</p>
<p>Respecto a las convicciones, al terminar un año histórico para Chile quiero compartir algunas reflexiones que buscan contribuir al necesario debate en torno a las fortalezas, debilidades y desafíos, luego de la emergencia de nuevas sensibilidades sociales y generacionales.</p>
<p>Una amiga alemana (Ingrid Werh) que estuvo durante el año en el país impartiendo clases en el doctorado de sociología de la Universidad de Chile, en un e mail me escribía algo más o menos así: <em>“disfrutando el hecho que este país, por primera vez en muchos años, se ha puesto interesante, ojala se abra una brecha de transformación del sistema político y la sociedad…” </em></p>
<p>Le cito así de coloquial porque son muchos quienes pensamos que el gran hito del 2011 –su fortaleza- ha sido la irrupción social de una nueva generación y de una nueva sensibilidad que dejó de creer en las bases en que por décadas se había levantado nuestra sociedad.</p>
<p>Ni el sistema político binominal y una constitución autoritaria, ni la irresponsabilidad ambiental y energética, pasando por (anti) valores como la soberbia y la desconfianza en el otro, hasta llegar a la inequidad social y un anacrónico quehacer económico con foco en el lucro, el individualismo y el consumismo, son hoy instituciones queridas por la mayoría ciudadana. Se trata de una fortaleza nada trivial, que llegó para quedarse. Los movimientos de este año, más allá de sus diferencias, han estado inspirados por una crítica a esas instituciones y (anti) valores.</p>
<p>La debilidad, sin embargo, ha sido que un movimiento profundamente político (por su inequívoca incidencia en la cosa pública, en la vida de la polis), sufre de la paradoja que la misma ciudadanía, con poderosas razones, desconfía a veces irreflexivamente de todo aquello que huela a “política”. Esta debilidad, que es común a los indignados del mundo, genera dos ecos bien complejos.</p>
<p>Por un lado, inhibe el entrar a participar en la política representativa y suele incluso negar la capacidad de negociar sobre la base de ideas fuerzas –algo tan propio y necesario en la política-. Lo anterior, podría llevar a que en las urnas –ante la ausencia de rostros y miradas nuevas- mañana vuelvan en gloria y majestad los mismos profesionales de la política que han sido cuestionados, ya sea por su incoherencia, por no soñar, por no dar luces, por gobernar apenas mirando las encuestas, por gestos de corrupción, etcétera. El punto es que si no entras a la política representativa, con otra política, y/o no delegas confianza en políticos que merezcan la confianza, las energías políticas desplegadas por los neo-movimientos ciudadanos corren el riesgo de un mayor desencanto y la irrealización de lo imaginado.</p>
<p>Por otro lado, esta desconfianza hacia los “políticos y la acción política” conlleva la emoción del resentimiento, que conspira contra la necesaria unidad y construcción de mayorías sociales y ciudadanas. Ni todos en la ex Concertación hoy desconcertada (más allá de los errores que podrían haberse cometidos), ni los comunistas (más allá de su sesgo a veces autoritario y antiguo), ni los “ultra” (lúcidos y rebeldes, aunque a veces de un infantilismo revolucionario), ni los ecologistas (que a veces olvidan que el verde brilla más si se junta con otros colores), ni los <em>Meos </em>(que intentan otra mirada, aunque a veces con rabia e inexperiencia que les nubla), en fin, ni los unos ni los otros, son malos y buenos absolutos y por definición. Siempre hay espacio para los matices, para el diálogo respetuoso, para buscar acuerdos en torno a puntos de encuentro, para resolver como ciudadanos qué liderazgos mejor nos representan. Esta es una debilidad asociada a desafíos mayores. ¿Qué hacer en pos de una nueva política de la coherencia, del aceptar la legitimidad del otro diferente, de la democracia profunda y de la unidad entre quienes se co-inspiran en aras de una nueva mayoría para construir un nuevo y mejor país, social, cultural y ambientalmente?</p>
<p>Tal vez esta debilidad ha incidido en que al terminar el año del mayor movimiento ciudadano en décadas, los logros son en lo sustantivo simbólicos. El proyecto HidroAysén, si bien en la UCI, recién estos días seguía haciendo absurdos anuncios (me refiero al trazado kilométrico de más de 1.500 torres a lo largo del país). Mientras, el movimiento estudiantil que pidió y pidió educación pública de calidad, interpelando a un cambio radical en un tema relevante como lo es la educación, haya sido confinado a debatir sobre pesos más y pesos menos. Y todo entre políticos ensimismados en cuatro paredes, ahora con comunistas incluidos. Aclaro de inmediato que no estoy afirmando que la discusión del presupuesto carezca de importancia. Lo es, sin duda. Pero más aún importa saber si los recursos irán a parar a los bancos, a gobiernos locales, a sostenedores, a alumnos y profesores, y en qué y para qué serán usados. Además, en otro eco de la misma debilidad, el año ha terminado con algunos líderes del movimiento estudiantil inmersos en discusiones por los diarios (legítimas discusiones que suelen ser mal interpretadas en los pasillos del poder).</p>
<p>Por eso, junto a saber asignar los recursos, el desafío de futuro será poner integralmente el foco en lo demandado: cómo hacemos una educación pública de mejor calidad. El 2012 será ineludible la necesidad de recuperar el debate de fondo. Pues no soslayemos que mientras la atención se acotaba, con poca crítica mediante, a las platas, la educación pública en Chile seguía siendo reformada de manera economicista y brutal.</p>
<p>Como llamar sino así a una educación orientada solo a formar consumidores, y no a ciudadanos, a entrenar a trabajadores disciplinados, sin memoria ni capacidad reflexiva. Para los “teóricos” de la “reforma” pareciera que bastaría con que la mayoría de nuestros jóvenes –los hijos de padres incapaces de pagar la onerosa educación privada de la élite- apenas aprendan a sumar y restar, se las arreglen en el habla con 100 palabras y puedan moverse rudimentaria y acriticamente por Internet y las redes sociales. Acaso no es ese el norte al que apunta lo hecho este año, cuando en plenas movilizaciones ciudadanas y casi en son de burla, a los intentos precedentes de acotar la Filosofía y la Historia, ahora en el Ministerio de Educación y en el Parlamento se agregaron medidas contra la enseñanza obligatoria de las asignaturas de música y de educación cívica.</p>
<p><em>Dime la educación que tienes y te diré la sociedad que construyes, </em>escribí al inicio de esta nota. En efecto, si educas sin Historia, tienes una sociedad sin memoria (si la vida en general hiciera eso, desapareceríamos de inmediato). Si educas sin Filosofía, tienes una sociedad ajena a la sabiduría, al asombro, a la capacidad de preguntar. Si educas sin arte y sin música, tienes una sociedad incapaz de sentir la expresión del alma. Si educas sin civismo, tienes una sociedad sin ciudadanos. Y atención a la incoherencia implícita en el hecho que sean después los mismos reformadores-legisladores que votan por instaurar estas leseras, quienes rasgan vestiduras contra los jóvenes que causan desmanes; injustificados si, pero no mal explicados por estas carencias.</p>
<p>Según Mario Waissbluth, en la reciente discusión presupuestaria &#8220;hubo un gran perdedor: la educación pública&#8221; (Fuente El Mostrador, 29 de noviembre). Si bien, él reconoce el aporte del movimiento estudiantil al instalar el debate sobre la educación pública en el país, “este año puede ser recordado como el principio del fin. Si la matrícula cae a menos del 30%, en muchos municipios será casi irrescatable”.</p>
<p>Un informe de la Fundación Sol destaca que en 1981, el 78 por ciento de la matrícula se concentraba en escuelas públicas, mientras en 1990, la matrícula municipal representaba el 57,8 por ciento del total. Y entre 1992 y 2010, el sector público ha seguido cayendo con 626 escuelas municipales menos, mientras el sector privado ha visto un aumento de 2.091 colegios particulares subvencionadas.</p>
<p>En la OCDE (Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económico), las matrículas en la educación pública llegan a un 90 por ciento. A nuestra élite le gusta compararse con tan selecto grupo, pero de inmediato se niega a ver que día tras día los estándares sociales y ambientales de la OCDE nos desnudan en nuestras carencias.</p>
<p>Digamos las cosas como son. Hoy tenemos un sistema educacional con hegemonía privada. Y la educación, según consenso de los usuarios y entre quienes reflexionan con más sapiencia sobre estos temas, es lisa y llanamente mala. En cambio, los países que si tienen una buena educación, lo hacen con sistemas públicos para su gestión.</p>
<p>Para Waissbluth –y entre los estudiantes y la ciudadanía- son aún tareas pendientes los desafíos de lograr una buena Ley de desmunicipalización que revitalice la educación pública, que regule adecuadamente el sector particular subvencionado y que  resuelva las deudas de arrastre de los municipios. Además, “la medida más urgente es inyectar los mejores directivos a las corporaciones y escuelas, a la máxima velocidad. Y en el mediano plazo, está pendiente la madre de todas las reformas: profesión docente, para mejorar la formación, habilitación docente rigurosa y una remuneración más atractiva para los mejores profesores” (Ídem anterior).</p>
<p>A manera de colofón: cuando en estos meses se ha dicho cada cosa por quienes son ciegos ante las voces nacionales e internacionales que desnudan la mala educación, he reflexionado sobre la distinta hechura valórica del presidente que ayer vivía en la máxima “Gobernar es Educar” (Aguirre Cerda), hasta el actual ocupante de Palacio que pareciera creer en la máxima “Educar para Lucrar” (Piñera). ¡Porque eso es lo que subyace en sus palabras cuando considera obvio que la educación es un servicio a ser ofertado por cualquiera que desee lucrar y es un bien de consumo a comprar por quienes mañana podrían lucrar con ella!</p>
<p><strong>La educación pública en Alemania</strong></p>
<p>Tras el prólogo, volvamos a la pregunta de mi amigo. Hoy nuestros dos hijos estudian en colegios públicos en el Estado de Baden Württemberg, por eso, aquí simplemente narro mi experiencia en tono coloquial:</p>
<p>- En Alemania, la educación es mayoritariamente pública y gratuita. Existen algunos colegios privados, muy pocos.</p>
<p>Incluso la superior ha sido siempre gratuita. Recién a partir del Tratado de Bolonia lentamente se ha empezado a cobrar una matrícula (500 euros semestrales en el Estado); pero es algo casi simbólico, ya que hay muchas y diversas formas de pasar del pago (ayudas, exenciones basadas en el criterio de la diversidad, sea socio-género-etáreo-cultural). Y el dinero que se recauda por ese concepto suele usarse por los propios alumnos para contratar conferencistas o profesores ajenos a lo institucional o bien en la compra, por ejemplo, de fotocopias de libros obligatorios. Con todo, en Baden Württenberg, tras el triunfo de los Verdes este 2011, se ha anunciado el regreso de la gratuidad al cien por cien.</p>
<p>Y la educación primaria y secundaria no solo es gratis, sino que incluso los profesores ayudan a las familias para que el costo de los insumos sea lo más económico posible. A conciencia minimizan lo solicitado y acostumbran realizar compras colectivas. En el caso de uno de mis hijos por el año lectivo 2011-2012 pagamos a la profesora unos 35 euros (23 mil pesos chilenos aproximadamente) para que comprara todos los libros y materiales para el año. Después, ni un euro más. Y eso entre quienes pueden pagar, si no, hay ayudas sociales para cubrir esos gastos.</p>
<p>- Es que acá la educación es un derecho y un deber. Una sola anécdota. Apenas llegamos al país, luego de informar el domicilio en el municipio local y de matricular a nuestro hijo en un colegio un poco retirado (a 15 minutos caminando, donde asistiría su hermana mayor), nos llegó a la casa una carta del municipio preguntándonos por qué el niño aún no asistía al colegio que por edad y domicilio le correspondía en el barrio, a una cuadra de la casa (3 minutos caminando). De inmediato, debimos dar las explicaciones de rigor: que habíamos optado por un colegio al que podría ir junto con su hermana, que no sabíamos, etcétera; explicaciones que obviamente fueron aceptadas. Así los funcionarios cautelaban que el niño y la familia hicieran uso de un derecho que es también un deber.</p>
<p>Educarse es un derecho y una obligación, y el Estado tiene el deber de supervisar que el derecho se cumpla y la obligación de impartirlo en calidad. A nosotros, latinos, a veces el rigor teutón y esas convicciones, nos son un tanto extrañas.</p>
<p>- Mención aparte la singularidad que está en la base de la reconocida calidad y a la vez complejidad de la educación alemana. Veamos.</p>
<p>La norma (hay excepciones) son colegios distintos para las dos grandes etapas escolares: una primaria que termina en cuarto año y otra secundaria que termina el año 13 contado desde el inicio escolar, ya sea para salir al mundo laboral o ingresar a la universidad. Alemania ha resistido hasta ahora con sus 13 años de escolaridad, pero pos Bolonia poco a poco empieza a comprimirla en 12 para igualarla al resto de Europa.</p>
<p>La etapa hasta cuarto básico es común para todos los niños que asisten al colegio en su mismo barrio. Cada pocas cuadras hay una escuela bien equipada, en la que por norma deben y pueden participar los padres. Son colegios puertas abiertas.</p>
<p>Del colegio, en este nivel escolar y más aún en el siguiente, los chicos salen libremente. Asisten sin uniforme y en los recreos pueden ir a su casa, a comprar a la esquina o a caminar… Y ese acto de libertad conlleva la génesis del actuar con responsabilidad. Los jóvenes salen y luego vuelven a sus clases. Ahora, si acaso no vuelven, ahí cae todo el peso de la autoridad y disciplina alemana, que se las trae, aunque sin violencia ni arbitrariedades –claro que, como en todo lugar, igual a veces la hay.</p>
<p>El sistema escolar se complejiza pos cuarto. Y aquí entramos en algo distintivo de Alemania. A los 10 años, la junta de profesores que ha observado académica y emocionalmente a los niños los 4 años previos, determina como seguirán educándose. Hay tres opciones. Algunos son orientados a colegios en que les enseñan valores de ciudadanía y materias y normas generales para un buen vivir social. Otros son orientados a colegios técnico &#8211; profesionales, muy funcionales y eficientes. Y los niños más aplicados, siempre asombrados y a veces futuros atormentados –quién dijo que el conocimiento y la libertad eran sin sombra-, son orientados al <em>Gymnasium</em> o colegios en los que transitaran por un exigente camino de estudios que les lleva a la universidad.</p>
<p>Ahora, el sistema ha sido objeto de cuestión: ¿cómo es posible que a los 10 años, aunque sea por una junta cualificada, se determine tan radicalmente el futuro de un niño? Polémico. De hecho hoy se esta flexibilizando. Además, que, con pruebas y mérito mediante, se puede transitar de un tipo de colegio a otro, así como quién termina en cualquier ciclo tampoco tiene por decreto impedido el ingreso a la universidad.</p>
<p>Otros son críticos al hecho que los <em>Gymnasium</em> operan con una exigencia sin mesura. Esto lo hemos vivido observando a nuestra hija. Ella debe rendir en ciencias, en comunicaciones, en matemáticas, en deportes y en las artes, amén de aprender con perfección gramatical lenguas y lenguas. Junto al idioma nativo, los jóvenes deben estudiar obligatoriamente inglés y otra lengua (que suele ser Latín), además como electivo deben ocuparse en una tercera lengua.</p>
<p>Una tercera crítica es que el sistema tiende a reproducir la condición cultural de los padres. Los hijos de universitarios suelen ir al <em>Gymnasium</em>. Los hijos de técnicos y profesionales realizan su propia deriva en colegios similares al que asistieron sus padres. Y así&#8230; La verdad es que pocos cuestionan esto. Son nuestros ojos –de países con menos profundidad moderna y muy desiguales socialmente- los acostumbrados a mirar a la educación como un unilateral vehículo de movilidad social. Acá hasta ahora casi todos cuentan con un mínimo bienestar material y social. Es más, los técnicos y profesionales, por ejemplo, suelen tener un mejor pasar económico-social que los universitarios.</p>
<p>- En otro rasgo de calidad y gratuidad, además del colegio formal, los niños asisten complementariamente a  actividades extra-curriculares que imparte el Estado vía municipios, teatros, escuelas de música, ya sea gratuita o con pagos menores, a practicar ciencias, artes y deportes.</p>
<p>- Y los profesores son respetados por la sociedad y académicamente son respetables. Su formación puede ser universitaria en ciencias, que aplican como educadores, o bien provienen de escuelas pedagógicas. Las remuneraciones son acorde a la importancia social del rol. La crítica más escuchada es que en su seno habría un corte jerárquico muy marcado: quienes pasan la supervisión de pares y pruebas de conocimiento profesional, administrativamente están contratados a tiempo completo; mientras quienes no han hecho ése proceso solo poseen contratos parciales.</p>
<p>En fin, hasta aquí nuestra experiencia de la educación en Alemania. De ella, emanan algunas convicciones.</p>
<p>Igual que en otros muchos países, la educación es un derecho que debe y puede ser gratuito. Alemania tiene más recursos, sin duda, pero no es solo un tema de recursos (así lo prueban países más pobres que igual cuentan con buena y gratuita educación). Se trata de incorporar el derecho como principio en el disco duro cultural del país. El neoliberalismo también en Alemania campea en otros dominios, pero en la educación hasta ahora no se le permite su entrada. Desde el origen de la modernidad la educación es rol del Estado y eso nadie lo discute. Los recursos están garantizados vía los mismos canales con que podrían obtenerse en Chile si hubiese voluntad política y cultural.</p>
<p>La educación es de calidad, entre otras razones, porque los profesores son tratados con dignidad, son bien formados y bien remunerados. Y ellos son dignos profesionales que creen en su misión. Y la educación es buena porque hay libertad y disciplina en su seno.</p>
<p>La educación es de calidad porque se basa en rigor y excelencia. A los niños se les evalúa fundamentalmente por su participación en clases. No por memorizar. Por sobre todas las cualidades son valoradas la capacidad de comunicar con personalidad y la pro-actividad en preguntar. Ante el desafío de conceptualizar lo central del método que acá he observado, se me ocurre algo más o menos así: <em>una pregunta que nace desde el asombro, vale más que el sino provisorio implícito en cualquier respuesta.</em></p>
<p>Y finalmente la educación es de calidad porque es asunto de la comunidad, que lo hace ocupándose del cuerpo, de la mente y el espíritu; de las emociones, la razón y la voluntad.</p>
]]></content:encoded>
			<wfw:commentRss>http://www.hernandinamarca.cl/blog/?feed=rss2&amp;p=257</wfw:commentRss>
		<slash:comments>0</slash:comments>
		</item>
		<item>
		<title>De melancolía y desamor</title>
		<link>http://www.hernandinamarca.cl/blog/?p=242</link>
		<comments>http://www.hernandinamarca.cl/blog/?p=242#comments</comments>
		<pubDate>Thu, 24 Nov 2011 16:48:00 +0000</pubDate>
		<dc:creator>admin</dc:creator>
				<category><![CDATA[planeta Melancolia]]></category>
		<category><![CDATA[cine. Melancolía]]></category>
		<category><![CDATA[von Trier]]></category>

		<guid isPermaLink="false">http://www.hernandinamarca.cl/blog/?p=242</guid>
		<description><![CDATA[Luego de ver el film Melancholia (2011) del director danés Lars von Trier, he sido inundado por esa emoción. Es mi tristeza ante sus ecos. La obra de von Trier me evoca el cine de Fassbinder. Ambos genios nos iluminan desde el desencanto, una de las variantes más feroces del arte en el actual cambio [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<div class="tweetmeme_button" style="float: right; margin-left: 10px;">
			<a href="http://api.tweetmeme.com/share?url=http%3A%2F%2Fwww.hernandinamarca.cl%2Fblog%2F%3Fp%3D242"><br />
				<img src="http://api.tweetmeme.com/imagebutton.gif?url=http%3A%2F%2Fwww.hernandinamarca.cl%2Fblog%2F%3Fp%3D242&amp;source=hernandinamarca&amp;style=compact&amp;b=2" height="61" width="50" /><br />
			</a>
		</div>
<p>Luego de ver el film <em>Melancholia</em> (2011) del director danés Lars von Trier, he sido inundado por esa emoción. Es mi tristeza ante sus ecos.<span id="more-242"></span></p>
<p>La obra de von Trier me evoca el cine de Fassbinder. Ambos genios nos iluminan desde el desencanto, una de las variantes más feroces del arte en el actual cambio de época histórico*. En el danés y en el prolífico director alemán (que nos legara una obra mayor) distingo la misma intensidad emocional, amén del parecido de sus rostros atormentados que nos hablan de la tristeza.</p>
<p>El film es visualmente muy bello (la fotografía es del danés de origen chileno Manuel Alberto Claro). Una Tierra con atardeceres y noches de ensueño, y en el horizonte la luna y un planeta llamado Melancolía que se acerca (¡habrá colisión?). Son imágenes sobrecogedoras. (Sincrónicamente este mismo año 2011 en el film <em>Another Earth</em>, de Mike Cahill, con menos magnificencia visual pero en el mismo tono, la hermosa actriz Brit Marling –que también es guionista, por favor cinéfilos no olvidemos su nombre- mira con arrobo un cielo en el que se divisa Otra Tierra, tal como si fuera un espejo cósmico de la nuestra).</p>
<p>En <em>Melancholia,</em> las actuaciones de Kirsten Dunst (Justine) y Charlotte Gainsbourg (Claire), magistrales en lo sutil, marcan el ritmo en un grupo de actores que están a la altura de una obra maestra (es casi seguro que el próximo 3 de diciembre será aclamada en Berlin como la obra del año del cine europeo). Justine y Claire son hermanas que se aman y dañan. Justine, lúcida y rebelde; Claire, ingenua y frágil. En la mansión nórdica en que moran, en una suerte de asociación libre de escenas, von Trier hace que deambulen una galería de personajes muy al estilo de ese fresco acerca del turbio dolor intrafamiliar, tan propio de la sombra implícita en las relaciones humanas, que fue el film <em>La Celebración</em> (de otro danés, Thomas Vinterberg, 1998).</p>
<p>Un padre frívolo y ausente, una madre dura y cínica, un empresario insano en su miseria y ansia de poder y control, un joven ingenuo, un esposo ensimismado en su egoísmo extremo, un novio débil, un niño triste que crece, un mayordomo que vive para servir, un productor de ceremonias fatuo y lejano… y así. Pero nada de eso importa, salvo en su función de mostrarnos la tesitura y única certeza de von Trier: que el actual vivir humano genera pura y simple melancolía, esa inefable emoción que invita a la tristeza.</p>
<p>La secreta y dolorosa metáfora en la <em>Melancholia</em> de von Trier es que vivir en relaciones egoístas e insanas, turbias y cínicas, es la más profunda causa de la tristeza y lo que nos lleva a una suerte de ineludible autodestrucción. Solo hay que esperar que la melancolía en el vivir humano sea arrasada por el planeta Melancolía.</p>
<p>Consultado von Trier por su film más incomprendido, ha dicho que se trata de un ajuste de cuentas con la amenaza de la guerra nuclear y la eventual destrucción de la Tierra en la que creció cuando niño. Claro que, como siempre, los ecos de una obra van más allá de lo que imagina su autor.</p>
<p>A quienes nacimos y crecimos en los años sesenta del siglo XX, nos ha tocado vivir en un tiempo histórico desgarrador. Somos la primera generación en vivir en plena conciencia la posibilidad, e incluso a veces la inminencia, de una destrucción de la especie humana (pues no es la Tierra la que se destruye, pos hecatombe ella de alguna manera se las sabría arreglar). A la amenaza nuclear de inmediato siguió la crisis ambiental o ecológica (aceleración del cambio climático y perdida de biodiversidad, causado por nuestro modo de vida), con sus secuelas asociadas que hoy amenaza nuestra continuidad.</p>
<p>Hecatombe nuclear, descalabro ambiental. Sin embargo, la finura y el foco emocional del director danés no ha querido detenerse en esos motivos; ambos activadores del sufrimiento humano en las últimas décadas. En el film nada de eso siquiera se menciona explícitamente, aunque sabemos se imbrican y subyacen como causas y efectos de otros dolores.</p>
<p>La <em>Melancholia </em>de<em> von Trier </em>se ha enfocado en el dolor en nuestra conciencia más intima, mancillada día tras día por la soberbia, el egoísmo, el cinismo, la maldad, la ausencia de respeto a la diferencia, el desamor por el otro y por la vida, el afán de poder y de control en las relaciones interpersonales. Como si con semejante opción autoral quisiera decirnos que en ese dolor íntimo -¿acaso padre y madre de todos los dolores?- radica la causa y a la vez es un efecto de los otros dolores. El desamor que nos pone tristes y frágiles nos lleva a actuar violentamente hacia el otro y hacia la naturaleza; violencia que a la vez nos inunda de más desamor y tristeza. Todo en un círculo que es la antitesis de lo virtuoso y de la esperanza.</p>
<p>El epílogo del film agobia. En una llanura verde, cubierta por una melancólica bruma, Justine, Claire y su hijo unen sus manos sentados en posición de Loto, formando un círculo, como queriendo ser “protegidos” por una pirámide” de ramas, antes cortadas en el bosque con sus propias manos, mientras la cámara devela en el horizonte la inmensa presencia del planeta Melancolía que ya casi roza la Tierra. El final es simplemente mortal: Melancolía colisiona con la Tierra, destruyéndose ambos en una imagen de fuego que sugiere otro Big Bang. Y esa llama ardiente que les consume pareciera querer pulverizar a la insufrible melancolía en que todos vivían (en que hemos vivido).</p>
<p>Justo cuando termino de escribir esta crónica, soy sacado de mi ensimismamiento por el sonido del computador alertándome de una nueva noticia en BBC Mundo. Es una nota de divulgación científica con el título <em>Otros mundos donde podríamos vivir</em>. De ahí esta breve cita: “En años recientes, la búsqueda de planetas potencialmente habitables fuera de nuestro sistema solar ha progresado notablemente. Kepler, el telescopio espacial lanzado en el 2009, ha encontrado más de 1.000 planetas candidatos hasta ahora…”.</p>
<p>Entonces siento más melancolía al pensar que actuamos como si ya hubiésemos asimilado la eventual destrucción de la Tierra como hábitat posible para nuestra actual forma de vida, que con muy poca imaginación y aún menos conocimiento histórico a muchos se les ocurre incambiable. Y ciegos, en una huida hacia ninguna parte, buscamos y buscamos, sin considerar que nuestro dolor ante el desamor, causa de toda destrucción, solo sana cuando vivenciamos el amor. Tal vez esto von Trier lo sabe, pero escéptico ante nuestra capacidad para sanar, nos provoca con su hermosa y dramática <em>Melancholia.</em></p>
<p>(Sugiero en Sitio Cero ir al link <a href="http://sitiocero.net/2011/el-arte-como-latido-e-intuicion-acerca-del-devenir-del-mundo/">http://sitiocero.net/2011/el-arte-como-latido-e-intuicion-acerca-del-devenir-del-mundo/</a> Ahí hay más reflexiones del autor acerca del tema arte y cambio de época histórica.</p>
]]></content:encoded>
			<wfw:commentRss>http://www.hernandinamarca.cl/blog/?feed=rss2&amp;p=242</wfw:commentRss>
		<slash:comments>1</slash:comments>
		</item>
		<item>
		<title>“Fucking Chilean”</title>
		<link>http://www.hernandinamarca.cl/blog/?p=238</link>
		<comments>http://www.hernandinamarca.cl/blog/?p=238#comments</comments>
		<pubDate>Wed, 16 Nov 2011 18:17:04 +0000</pubDate>
		<dc:creator>admin</dc:creator>
				<category><![CDATA[Sin categoría]]></category>
		<category><![CDATA[chile]]></category>
		<category><![CDATA[cine]]></category>
		<category><![CDATA[confianza]]></category>

		<guid isPermaLink="false">http://www.hernandinamarca.cl/blog/?p=238</guid>
		<description><![CDATA[Our Idiot Brother (2011) es una deliciosa comedia y un notable drama familiar, al ritmo de la vida simplemente. Claro que, como chileno, he sentido vergüenza y también risa al ver en un cine europeo una de sus escenas claves, tal vez la más expresiva del tono ético del film. El director norteamericano, Jesse Peretz, [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<div class="tweetmeme_button" style="float: right; margin-left: 10px;">
			<a href="http://api.tweetmeme.com/share?url=http%3A%2F%2Fwww.hernandinamarca.cl%2Fblog%2F%3Fp%3D238"><br />
				<img src="http://api.tweetmeme.com/imagebutton.gif?url=http%3A%2F%2Fwww.hernandinamarca.cl%2Fblog%2F%3Fp%3D238&amp;source=hernandinamarca&amp;style=compact&amp;b=2" height="61" width="50" /><br />
			</a>
		</div>
<p><em>Our Idiot Brother </em>(2011) es una deliciosa comedia y un notable drama familiar, al ritmo de la vida simplemente. Claro que, como chileno, he sentido vergüenza y también risa al ver en un cine europeo una de sus escenas claves, tal vez la más expresiva del tono ético del film.</p>
<p><span id="more-238"></span>El director norteamericano, Jesse Peretz, acierta con un guión inteligente y un grupo de actores con estilo: el comediante Paúl Rudd, la sensual Elizabeth Banks, la ondera Zooey Deschanel, la británica y clásica belleza de Emily Mortimer y el singular actor también británico, Steve Coogan. La película, independiente y todo, fue aplaudida en Sundance y distribuida por los infatigables hermanos Weinstein, grandes y serios valores de la industria. Se estrenó en agosto en Estados Unidas, al rato en Europa y estos días lo ha hecho en Australia (desconozco si llegó a Chile). Como se lee, el film circula y, digámoslo, una sola escena deja a la imagen-país, al menos en lo emocional, un tanto afectada.</p>
<p>Antes de ir a la escena de marras, un poco de contexto. Ned (Rudd), es un hermano nada de idiota, sino que entrañable. Lo de idiota del título es apenas un decir, tal vez por su confianza a veces ingenua en el ser humano, por su mezcla de “loco” lindo y hippie del siglo XXI, pues hace de agricultor orgánico, y por su sinceridad deslenguada. Ned dice y hace lo que piensa, y como se trata de una comedia lo vive con sus excesos. Al inicio del film, en una escena delirante, su buena vibra lo lleva a que en su tienda orgánica ofrezca marihuana a un policía, quién, vestido como tal, lo engatusa diciéndole que atraviesa por problemas emocionales. El pisa el palito y es detenido. Al salir de prisión, sin huerto y abandonado por su mujer, acude a vivir consecutivamente en los hogares de sus tres hermanas.</p>
<p>En eso consiste el film. En cómo el “loco lindo”, que habla siempre con la verdad y buena fe, altera las vidas a cada una de ellas, mientras rearma la propia. A Miranda (Banks), periodista de Vanity Fair, la desnuda en sus dificultades en el amor y le cuestiona los medios usados (citar a sus fuentes sin autorización) tras el logro de sus ambiciones profesionales. A Natalie (Deschanel), lesbiana a veces un poco confundida, la confronta con sus engaños a su fiel novia. Y a Liz (Mortimer), madre perfecta y esposa de un documentalista snob y fatuo (un genial Coogan), la obliga a  abrir los ojos ante la liviandad de su marido y de su vida.</p>
<p>Parafraseando a un crítico norteamericano (A. O. Scott, NY Time, 25 de agosto 2011), digamos que la autenticidad agraria del hermano pone de manifiesto la mala fe en que se basan la vida de sus tres hermanas. Contra sus posturas (ambición, la duplicidad y vacíos), en el buen Ned (por su coherencia y transparencia) campean los antídotos que son las virtudes sencillas de la confianza y fidelidad, la ética profesional y la crianza de los hijos en el amor. Quién a primera vista parecía ser un Lebowski menor y contenido para cuidar su jardín, resulta un paladín de otra manera de vivir.</p>
<p>Hasta ahí la trama. Ahora vamos a la escena en comento. Cuando Ned conversa cálidamente con una bella millonaria altruista, aunque dañada luego de una mala experiencia, él resume su filosofía de la existencia: vivir en la confianza y en la coherencia.  Entonces, fuerte y claro, malas palabras mediante, se evoca a un connacional cualquiera. Reproduzco el diálogo:</p>
<p><em>- Ned: Te diré algo, yo vivo la vida a mi manera. Me gusta pensar que si confías, si realmente le das a la gente el beneficio de la duda y ves sus mejores intenciones, ellos querrán dar con la talla. No siempre resulta, esta claro. Pero creo que si lo haces, la mayoría de las veces la gente estará a la altura de las circunstancias, lo creo realmente.</em></p>
<p><em>- Eres muy dulce, Ned.</em></p>
<p><em>- ¿Crees que soy tonto?, como a veces piensan los demás.</em></p>
<p><em>- No, por favor. No creo eso. Por el contrario, la tuya es una buena y sana manera de vivir la vida. Es decir, yo soy igual. Al menos lo era. Sí, lo era. Hasta que conocí al maldito chileno. ¡Uf!. </em></p>
<p>Así de brutal. Y eso que mi traducción es amable, ya que la palabrota usada es <em>Fucking Chilean</em>. Luego, en otros diálogos, se agregan más pistas: el chileno estafó con dinero a la bella chica y luego, en una puñalada en la espalda, subió imágenes íntimas a <em>You Tube</em>. Ahora, lo más probable es que esta referencia, tan dura, no nació de un estudio sociológico. Más bien, tiendo a pensar que alguna mala experiencia o un simple comentario denso sobre algún compatriota, hizo mella ya sea en el director, en el guionista o en la propia actriz, llevándolos a usarnos como un mal ejemplo. No sé.</p>
<p>Pero, más allá de eso, lo cierto es que la lamentable cita fílmica nos debe hacer reflexionar. Es que no sería sano cerrar los ojos ante lo que en los últimos años esta siendo reiterado en la experiencia cotidiana en el paisito. Así lo han comentado lúcidos analistas de nuestras maneras y lo reflejan las propias encuestas: la triste y dañina desconfianza o ausencia de confianza en el otro como un rasgo emocional distintivo del chileno(a).</p>
<p>Sin ánimo de entrar en mayor abundamiento de datos –ni en los ecos dañinos para el vivir social e incluso económico que esa desconfianza conlleva-, recordemos que según la reciente encuesta (2011) de calidad de vida entre los países miembros de la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económico (OCDE), solamente el 13% de los chilenos dice confiar en sus coterráneos, cosa que se compara desfavorablemente con casi el 80% que alcanza la confianza en el otro en los países del norte que forman tan selecto club.</p>
<p>En ese sentido, tal vez, el “hermano idiota” del norte, sin quererlo, en el film nos desnuda globalmente en esta singular y tan nuestra carencia emocional.</p>
]]></content:encoded>
			<wfw:commentRss>http://www.hernandinamarca.cl/blog/?feed=rss2&amp;p=238</wfw:commentRss>
		<slash:comments>0</slash:comments>
		</item>
		<item>
		<title>Sustentabilidad socio-ambiental y emocional en las empresas</title>
		<link>http://www.hernandinamarca.cl/blog/?p=229</link>
		<comments>http://www.hernandinamarca.cl/blog/?p=229#comments</comments>
		<pubDate>Fri, 04 Nov 2011 10:49:19 +0000</pubDate>
		<dc:creator>admin</dc:creator>
				<category><![CDATA[Sin categoría]]></category>
		<category><![CDATA[comunicaciones]]></category>
		<category><![CDATA[empresas]]></category>
		<category><![CDATA[responsabilidad social empresarial]]></category>
		<category><![CDATA[sustentabilidad]]></category>

		<guid isPermaLink="false">http://www.hernandinamarca.cl/blog/?p=229</guid>
		<description><![CDATA[La Responsabilidad Social (RS), en estricto sentido histórico, es la actualización en las empresas del emergente desafío histórico y social de la sustentabilidad. Hoy son inviables las empresas que no asuman una manera sustentable de actuar en lo ambiental y de relacionarse respetuosamente con las comunidades (reputación y licencia social para operar). Esto conlleva desafíos [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<div class="tweetmeme_button" style="float: right; margin-left: 10px;">
			<a href="http://api.tweetmeme.com/share?url=http%3A%2F%2Fwww.hernandinamarca.cl%2Fblog%2F%3Fp%3D229"><br />
				<img src="http://api.tweetmeme.com/imagebutton.gif?url=http%3A%2F%2Fwww.hernandinamarca.cl%2Fblog%2F%3Fp%3D229&amp;source=hernandinamarca&amp;style=compact&amp;b=2" height="61" width="50" /><br />
			</a>
		</div>
<p><em>La Responsabilidad Social (RS), en estricto sentido histórico, es la actualización en las empresas del emergente desafío histórico y social de la sustentabilidad. Hoy son inviables las empresas que no asuman una manera sustentable de actuar en lo ambiental y de relacionarse respetuosamente con las comunidades (reputación y licencia social para operar). Esto conlleva desafíos para sus comunicaciones.</em></p>
<p><em> Por eso, l</em><em>as Comunicaciones y la RS se intersectan estrategicamente porque la triada emergente opera así: (una) <strong>comunicación</strong> (poner en común en) <strong>transparencia </strong>(coherencia entre el decir y el hacer, es condición de la) <strong>sustentabilidad </strong>de las (empresas y de las comunidades)<strong>. </strong>En ese marco, en nuestra investigación* hemos propuesto <strong>un modelo de Comunicación integral para la sustentabilidad, </strong>que opera en dos grandes dominios interrelacionados: la sustentabilidad socio-ambiental y la sustentabilidad emocional. <strong> </strong></em></p>
<p><span id="more-229"></span> La historia de la empresa en los últimos dos siglos ha estado signada por interpelaciones -perturbaciones- que le ha ido haciendo la sociedad y ante las cuáles ha debido adaptarse: primero fue lo social y los derechos laborales, luego los derechos de los consumidores, más tarde regulaciones a los accionistas. Desde hace pocas décadas, ante el cambio de época y el cambio de paradigma social producto del sufrimiento humano causado por la crisis ambiental –que es de continuidad-, las empresas están siendo interpeladas por el desafío de futuro que es la sustentabilidad.</p>
<p>La emergencia en la sociedad moderna occidental desde los años sesenta del siglo XX de un nuevo paradigma social (que es ecológico y sistémico) da cuenta que vivimos un cambio de época histórica. Una de las ideas-fuerzas centrales del nuevo paradigma ha sido la sustentabilidad, que se instala en la agenda de los organismos internacionales a partir de los años 80. En esa co-deriva, a partir de los años 90, la sustentabilidad ha arribado a las empresas como una perturbación con nombre y apellido: Responsabilidad Social (y la palabra perturbación solo significa incidencia-presión en la co-influencia entre sistemas). Como se lee, todo este proceso histórico es extraordinariamente reciente.</p>
<p>Desde entonces, las empresas, en una respuesta adaptativa, han venido auto-transformándose. Nuevos valores como el consumo responsable, los límites ambientales al crecimiento, el empoderamiento de la ciudadanía y la democratización de las nuevas tecnologías de comunicación; entre otros, constituyen emergentes que necesariamente van transformando a las empresas en lo que han sido sus valores y modos de operar más profundos durante la modernidad.</p>
<p>La RS ha sido incorporada como modelo de gestión que conlleva nuevas ideas, nuevas prácticas y nuevas regulaciones y autorregulaciones en ámbitos sociales, operativos, laborales, ambientales. El emergente modelo de gestión RS, que cambia las conversaciones en la sociedad y en las empresas, se basa en el Triple Bottom Line (el concepto es de 1997, acuñado por el inglés John Elkington) o Triangulo de la sustentabilidad: un equilibrió virtuoso entre a) la rentabilidad, b) la responsabilidad ambiental y c) la responsabilidad social con sus públicos internos y externos.</p>
<p><strong> </strong></p>
<p><strong>El desafío de la Sustentabilidad socio-ambiental y emocional</strong></p>
<p>A la luz del análisis teórico y de la experiencia práctica, y también activado por la nueva gestión en RS, en las grandes empresas ha empezado a operar una Nueva Comunicación Integral en dos dominios interrelacionados (aún con falencias y brechas, pero ya como un atractor y emergente).</p>
<p>Por un lado, el dominio de la <strong>sustentabilidad socio-ambiental</strong>, hacia adentro y hacia afuera de las organizaciones. Es el dominio de las interacciones basadas en el respeto con todos los públicos de interés –stakeholders- externos e internos: gobiernos, comunidades, ONG, inversionistas, medios de comunicación, trabajadores, contratistas, proveedores, grupos ambientalistas, etcétera. Es el dominio de la reputación y de la licencia social para operar. Es el dominio de la planificación estratégica y una gestión preventiva.</p>
<p>Por otro, el dominio de la <strong>sustentabilidad emocional</strong>, hacia adentro y hacia afuera de las organizaciones. Es la interpelación que a las empresas ha hecho el concepto de Inteligencia Socio- Emocional o la conciencia empática. Hoy es un desafío en toda organización el respeto a la diversidad, el valor de la legitimidad del otro e incentivar relaciones interpersonales basadas en la confianza y en la colaboración.</p>
<p>Esta nueva comunicación integral para la sustentabilidad es un proceso histórico en curso. Es una gestión que busca la coherencia entre dominios antes separados: la comunicación interna y la externa, entre la organización y el entorno (medio ambiente y comunidades), así como mediar y significar la actual búsqueda de un equilibrio entre el bien-estar (incentivos materiales adecuados) y el bien-ser humano (sentido del hacer, motivación y felicidad).</p>
<p>Por ello, en los últimos años, las estructuras de comunicaciones y sustentabilidad han adquirido progresivamente centralidad estratégica en las grandes organizaciones. Sin embargo, por lo reciente del proceso, aún esta abierto el cómo se articulan orgánicamente la nueva comunicación y la RS – sustentabilidad.</p>
<p>En Chile, por ejemplo, aún no hay una estructura orgánica estandarizada. Cada empresa busca su propia estructura. En los mejores casos, gerencias matriciales que integran ambos dominios, que es lo más avanzado a la fecha, hasta otros que desvirtúan el proceso y torpemente subsumen uno en otro. Por ejemplo, suele darse que la RS, como simple marketing, se subsume en estructuras también tradicionales de comunicaciones. Es decir, no se articulan de manera integral, estratégica y sustentable, sino que la RS es entendida como filantropía y las comunicaciones persisten en códigos antiguos, aún centradas en poner notas en la prensa y en administrar con ambiguedades las crisis. Y por el camino del medio, transitan distintos acomodos y transiciones orgánicas, siendo el más fácil y eficiente el de los comités de sustentabilidad que articulan la RS como modelo de gestión con las comunicaciones al interior de las empresas.</p>
<p>Si bien somos concientes de las actuales brechas en la aplicación real de la RS en Chile, esta debe ser bienvenida por las comunidades, pues hace bien a la sociedad, conecta a las empresas con los nuevos tiempos y es un desafío para la ciudadanía y los gobiernos exigir a éstas que superen sus incoherencias de gestión en RS. De hecho, las última grandes crisis denunciadas por la sociedad civil, han ocurrido en empresas con un quehacer operativo ciego a la sustentabilidad, conllevando millonarias pérdidas económicas y una lesión perdurable a su reputación. La buena noticia, sin embargo, ha sido que esas crisis, en Chile y el mundo, han actuado como catalizadores de transformaciones hacia una RS más consistente, ya sea en las propias empresas afectadas o en otras que van incorporando paulatinamente el modelo de gestión en RS. Precisamente el diálogo tripartito y pro-actividad observadora es la principal propuesta de la ISO 26.000, consensuada planetariamente el 2010 por una diversidad de actores empresariales, de gobiernos y de organizaciones ciudadanas.</p>
<p>En síntesis, el hecho que la RS como modelo de gestión implica ámbitos operativos y comunicacionales, así como la nueva comunicación integral (sustentabilidad socio-ambiental y emocional) participa como consultor interno estratégico en los proyectos productivos (para una gestión anticipada de riesgos y en la obtención de la licencia social), convierte en ineludible y compleja esta necesaria articulación entre RS y comunicaciones.</p>
<p>* Esta columna se basa en una investigación doctoral del autor para la Universidad de Málaga sobre comunicación organizacional y sustentabilidad. Quienes se interesen en ampliar el tema, en el sitio <a href="http://www.hernandinamarca.cl/docencia.php">www.sitiocero.net</a> , pueden revisar un artículo homónimo, o en este mismo web site se encuentra el paper académico integro en investigaciones doctorado.</p>
]]></content:encoded>
			<wfw:commentRss>http://www.hernandinamarca.cl/blog/?feed=rss2&amp;p=229</wfw:commentRss>
		<slash:comments>0</slash:comments>
		</item>
		<item>
		<title>La India: otro y el mismo mundo</title>
		<link>http://www.hernandinamarca.cl/blog/?p=223</link>
		<comments>http://www.hernandinamarca.cl/blog/?p=223#comments</comments>
		<pubDate>Thu, 29 Sep 2011 09:59:38 +0000</pubDate>
		<dc:creator>admin</dc:creator>
				<category><![CDATA[Sin categoría]]></category>
		<category><![CDATA[espiritualidad india]]></category>
		<category><![CDATA[India]]></category>
		<category><![CDATA[modernización de la India]]></category>

		<guid isPermaLink="false">http://www.hernandinamarca.cl/blog/?p=223</guid>
		<description><![CDATA[Estuve casi un mes en Kerala, al sur de la India, y a mi regreso no fue fácil escribir. Pos-viaje, aún perplejo, habité en el silencio. Mis primeros mail fueron lacónicos: “otro mundo, magnifico y desconcertante”. Tal vez así quería evitar el lugar común del estilo “los primeros días debes adaptarte a la intensidad de [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<div class="tweetmeme_button" style="float: right; margin-left: 10px;">
			<a href="http://api.tweetmeme.com/share?url=http%3A%2F%2Fwww.hernandinamarca.cl%2Fblog%2F%3Fp%3D223"><br />
				<img src="http://api.tweetmeme.com/imagebutton.gif?url=http%3A%2F%2Fwww.hernandinamarca.cl%2Fblog%2F%3Fp%3D223&amp;source=hernandinamarca&amp;style=compact&amp;b=2" height="61" width="50" /><br />
			</a>
		</div>
<p>Estuve casi un mes en Kerala, al sur de la India, y a mi regreso no fue fácil escribir. Pos-viaje, aún perplejo, habité en el silencio. Mis primeros<em> mail</em> fueron lacónicos: “otro mundo, magnifico y desconcertante”. Tal vez así quería evitar el lugar común del estilo “los primeros días debes adaptarte a la intensidad de los olores, al brillo inigualable de los colores, a mucha pero mucha gente apiñada en todos los lugares”; o descripciones costumbristas, ya sea de hombres que caminan tomados de la mano o del movimiento grácil de la cabeza que hacen mujeres y hombres para manifestar buenas emociones; o repetir aquello del inenarrable tráfico de autos, taxis, motos, buses y camiones que en ruidoso caos se desplazan junto a personas, bicicletas y animales, siempre en calles saturadas, tal cuál si fuera un delirante <em>videogame…</em></p>
<p><em> </em>Son tantos los nuevos estímulos que algunos occidentales simplemente no logran asombrarse y regresan de inmediato en estado de shock, desilusionados de no escuchar en cada esquina el sagrado <em>mantra OM</em>, tal como me lo contaba risueña una amiga que hace de guía turística en la India.</p>
<p>Y aunque el país es eso, sin duda, es también mucho más. Ahora, días y reflexiones mediante, puedo hilvanar algunas impresiones.</p>
<p><span id="more-223"></span></p>
<p>Primero, hablo de Kerala, un pequeño Estado indiano –lo de pequeño es un decir, pues son 40 millones de personas. Recordemos que en India habitan casi 1.200 millones en una superficie que no alcanza siquiera a la mitad de Brasil.</p>
<p>Kerala es exuberante. Selvas y playas tropicales, una biodiversidad única y sus singulares <em>backwaters </em>(remansos), vías fluviales de kilómetros y kilómetros que pasan por aldeas aún ancladas en modos de vida por nosotros olvidados. En India le dicen “La Tierra de Dios”.</p>
<p>Con una historia, además, digna de contarse, aunque sea en pocas  palabras. Sus orígenes culturales están en la base de la India más profunda, aquella  de sabidurías milenarias como el budismo, el yinaismo, el cristianismo nestoriano, el shivaismo –del hinduismo-. En los orígenes de la modernidad, los primeros encuentros de occidente con la India fueron en Kerala. A sus costas, en busca de especias, arribó en 1498 el navegante portugués Vasco de Gama. Y en 1957, en Kerala asumió el primer gobierno comunista electo democráticamente en el mundo.</p>
<p>Este último dato explica los actuales indicadores socio-económicos de Kerala, extraordinarios para la India. Desde esa fecha hasta hoy, en el Estado se han sucedido comunistas y el partido del Congreso: es común encontrar flameando banderas comunistas o afiches del Che Guevara con consignas en lengua malayalam. Y los comunistas, con su énfasis moderno en lo social, han puesto el foco en educación, en salud, en igualdad de género. Resultado: la región “más desarrollada” del país, según parámetros occidentales, con una alfabetización del 100%, altas escolaridad, esperanzas de vida que superan los 70 años e incluso mujeres-policía.</p>
<p>Esta historia se expresa en una sociedad hoy compleja: por un lado, como en toda la India, en Kerala se vive para acudir a los templos, coexistiendo distintas tradiciones espirituales: hinduistas (shivaistas), musulmanes, cristianos, budistas; y por otro, hoy están volcados a la modernización global en un hacer frenético orientado a la industria del turismo de intereses especiales (cuya oferta principal es salud con la medicina Ayurveda, ya volveremos sobre esto), amén de exportar inteligencia y mano de obra educada a los países árabes y Europa. La principal fuente de ingresos de Kerala proviene de las remesas que llegan a las familias desde el exterior.</p>
<p><strong>Una modernidad en tensión</strong></p>
<p>Si bien la India es otro mundo, más allá de occidente, a sus hogares en las últimas décadas han llegado de manera masiva los jeans y las faldas, los autos, la tecnología, el plástico y la comida chatarra, todo animado por una publicidad que agita “desbocada” una globalización que interconecta económicamente a moros, hinduistas, confucianos, taoístas y cristianos.</p>
<p>A ojos de observadores críticos ante los excesos de la modernización, el proceso que viven es impactante. Y ellos mismos están entre enceguecidos, confundidos e impactados. Desde hace una década, igual que los chinos, crecen a tasas del 8 al 10%. Y como ambos mundos orientales suman casi la mitad del planeta, la pregunta que allá y acá se hacen quienes piensan en el futuro planetario es ¿si la Tierra resistirá una expansión entre indios y chinos del modo de vida ambientalmente depredador, consumista y excesivo que ha sido común al occidente moderno?</p>
<p>El punto es inquietante. Pues, lo que uno ve en la superficie es un país volcado a una modernización acrítica, que conlleva horrores ambientales y algunos vicios públicos y privados. El <em>din-don es Don Dinero</em> comienza a inundarlo todo. Se expanden los negocios y la búsqueda de ganancias en cualquier cosa y relación. Por ejemplo, en el turismo llega a ser odioso el regateo permanente ante precios que en una primera oferta engañan con una maximización extraordinaria.</p>
<p>Confundidos ante Internet y la TV global, reaccionan paradojalmente. Como buenos aprendices ya son líderes en informática, pero catastran y fiscalizan en tono autoritario la comercialización de conexiones y contenidos. La TV con su publicidad, cómo no, insinúa e insinúa el sexo en los cuerpos para aumentar las ventas, pero en la programación es censurada toda mala palabra mediante un pitito y se evitan incluso los besos.</p>
<p>El crecimiento económico ha contaminado con químicos a más de un tercio del río Ganges y la mayoría de los cursos de agua. La entrada frenética en pocos años de los autos han colapsado ciudades y rutas. En mi estadía allá precisamente ambas noticias eran informadas como titulares y con preocupación por el Ministro del Medio Ambiente.</p>
<p>La basura es una presencia irritante, fruto del  hábito de tirar todo al suelo (y esa basura exterior contrasta con la limpieza inmaculada al interior de sus casas y de cualquier edificio). El plástico abunda en las calles. Si hasta hace décadas, no era tema depositar los restos orgánicos en el suelo, ya que la naturaleza re-absorbía; hoy tirar el plástico y otras materias al suelo ha generado un grave problema visual y de salud, sin contar las carencias en otras normas sanitarias. Y así, suma y sigue una expansiva crisis ambiental.</p>
<p>La omnipresente publicidad es otro hecho difícil de narrar. No hay edificio, casa y calle que no tenga avisos publicitarios. Incluso en los <em>backwaters</em>, en aldeas perdidas, se aprecian gigantografía con publicidad de bancos, de centros de consumo, de un cuánto hay para activar la oferta y la demanda. En lo formal son imágenes calcadas de nuestra cultura audiovisual, aunque con rostros de indios e indias, claro que los más parecidos al patrón de belleza occidental.</p>
<p>¿Cuál será la evolución de todo este proceso? Difícil pregunta. Por ahora, solo evocar, como me explayaré en el próximo punto, que se trata de otra cultura, compleja, milenaria, que no debería acabar ciega y subordinada a esta modernización. Nunca lo han hecho, por lo demás, pues siempre han perseverado con sus profundidades más intimas. Además existe la enorme herencia moral de Gandhi, a quienes los ecologistas y todas las sensibilidades anti-asimilación acrítica del occidente moderno, que no son pocas, lo recuerdan a cada rato. También emerge una discurso y una práctica política ecologista dotada de las mismas ideas fuerzas que en occidente, a la cuál son muy sensibles las nuevas generaciones. Y de hecho, India (y China) en los últimos dos años desde sus gobiernos han empezado con paciencia y rigor oriental a re-enfocar sus procesos productivos y energéticos hacía lo ambiental; proceso lento ante la magnitud del daño, pero es un nuevo dato. Algo emergerá. Lo que allá vendrá no será lo mismo que en occidente, por historia y por estos signos debería trascender lo que hoy se ve en la superficie.</p>
<p>Hervé Kempf, periodista francés de Le Monde, ante la pregunta <em>-¿cómo se les pide a los países emergentes, China o India, que dejen de consumir?,</em> ha respondido con notable simpleza: “Las clases medias indias tienen ganas de consumir más, de tener autos más potentes, porque miran en la TV cómo viven los estadounidenses y los europeos. Lo que pido a europeos y norteamericanos es que ellos cambien el modelo. En todo caso, China o India se están dando cuenta rápidamente de la amplitud de la crisis ecológica. Y ven que en sus países hay fenómenos de desigualdad, que serán cada vez más insoportables a medida que la crisis se agrave. En esos países hay conflictos sociales que se organizan en torno al control de los elementos esenciales a la supervivencia (agua, propiedad de la tierra)… El crecimiento en esos países no durará mucho tiempo… Es demasiado violento, desde el punto de vista ecológico como social. También allí se producirán profundos movimientos de transformación. Sin embargo, a ellos les será menos difícil ir hacia un modelo de sociedad que consuma poco materialmente. Los habitantes de los países ricos padeceremos más ese proceso, porque hemos perdido la costumbre de la sobriedad”*.</p>
<p><strong>Otra cosmovisión y mirada</strong></p>
<p>Hay algo en Kerala profundo y tan distinto. Lo resumo en clave cotidiana: asombra el sosiego y la sonrisa afable, de grandes y chicos, de hombres y mujeres, en un extraordinario contraste con el tráfico, el ruido y la aceleración caótica. ¿Cómo esto?, uno se pregunta. Y aquí solo esbozo algunas respuestas que nacen del interpretar como ellos viven una cosmovisión que habita en sus gestos cotidianos. En occidente, obvio, vivimos en nuestra cosmovisión, pero es diferente.</p>
<p>El teólogo Thomas Berry constató una diferencia central entre oriente y el occidente moderno. Allá perduró, pese al embate primero de la modernidad, el Yoga del oriente: la más profunda meditación y conocimiento de la interioridad, de la conciencia, del espíritu. Acá, en cambio, la modernidad evolucionó hacía lo que Berry llamó el “Yoga” de occidente: la ciencia, la más profunda reflexión y conocimiento del mundo exterior, material y orgánico.</p>
<p>Otra distancia entre ambas cosmovisiones es que allá aún no se diferencia a cabalidad –y menos se disocia- entre la espiritualidad –la religión, el hinduismo- y el vivir cotidiano, los asuntos mundanos, o el “Estado” por decirlo en clave política. Diferencia que si hizo occidente a partir de la modernidad. Es más esa diferenciación fue su aporte evolutivo por excelencia. Es lo que Ken Wilber, filósofo norteamericano, ha llamado el sano acto de diferenciar entre arte, ciencia y moral, entre hecho y valor. Pero una cosa es diferenciar y otra cosa muy distinta es disociar, que fue el error último –el desastre, dice Wilber- en el vivir de la modernidad. Le cito: “si la moderna diferenciación comenzó en torno a los siglos XVI y XVII, a fines del siglo XVIII y comienzos del XIX había desembocado ya en una disociación patológicamente dolorosa.”</p>
<p>Si acá podemos disociar la moral religiosa del domingo en la mañana del vivir cotidiano en los otros seis días y medio de la semana, allá algo así no es posible. En India, la espiritualidad –la religión en este caso- es coherente con el vivir cotidiano del propio pueblo. Por ejemplo, esto se experiencia en dos actos de conciencia fundamentales: no hay miedo a la muerte, pues tienen fe en la re-encarnación, y eso es sinónimo de íntimo sosiego; y hay también un límite ético poderoso al obrar mal, cuál es la profunda convicción en la Ley del Karma (tus actos activan una vital cadena de efectos). Luego allá se hacen más responsables de sus actos y, en consecuencia, pese a las enormes carencias materiales, en India es posible caminar por las calles sin temor ni a asaltos, ni a robos (que los hay, pero son excepciones, aunque existe, igual que acá, violencia doméstica y en el ámbito emocional).</p>
<p>Una disociación que compartimos ambos mundo, es entre el adentro y el afuera, claro que invertida. Tal vez esto explique la relación con la basura exterior en la India, que se tolera de una forma incomprensible a nuestros ojos, así como se esmeran en la limpieza interior de sus casas, que es su templo, y de ellos mismos de una manera que a veces también nos cuesta entender. Mientras que acá, al menos en el occidente europeo, somos propensos a una esmerada limpieza en el exterior, soslayando a veces nuestros propios cuerpos y “templos”; de ahí el refrán: “escondemos la basura debajo de la alfombra”.</p>
<p>La cartesiana diferencia entre mente y cuerpo, que también mutó a disociación, fue la base sobre la que se erigió la medicina alópata moderna, que concibió al cuerpo como una maquina y, vía experimentación científica, obtuvo logros extraordinarios, inéditos en la Historia: reparar órganos y cuerpos y evitar contagios y epidemias, por ejemplo, permitió aumentar las esperanzas de vida y un lidiar con la muerte, a quién tanto tememos. Pero, como hoy se sabe en la propia ciencia occidental, la red sistémica de la vida entre mente y cuerpo es sólida y tenue. Por eso, hoy la medicina esta cambiando, aquí y allá, al ritmo de la emergencia del pluralismo médico.</p>
<p>Fue precisamente en esa brecha de saber (la disociación mente y cuerpo en la medicina moderna) por la que han entrado a occidente sabidurías milenarias como el Ayurveda de la India (y la Acupuntura China). Etimológicamente la palabra Ayurveda viene del sanscrito y significa Ciencia de la Vida, igual que nuestra Biología; pero allá se sustenta en una mirada que integra cuerpo y mente, que integra la cosmovisión, el conocer y el practicar. Más interesante aún es saber que fue el nacionalismo indio del siglo XX quién revalorizó esta medicina ancestral, en un gesto político identitario: como diciendo nosotros tenemos nuestras propias tradiciones. Hoy en India es común ver co-existir a hospitales alópatas modernos y hospitales ayurvedicos, casi en una virtual división del trabajo (“yo paciente, si me accidentó voy al primero, si quiero prevenir voy al segundo”) y el Ayurveda se enseña en las universidades.</p>
<p>Gesto político, además, que en la actual planetarización ha implicado que el Ayurveda se expanda por el mundo complementando con otra mirada a la medicina moderna y aprendiendo de ella, en un diálogo e hibridación que recién se inicia. Mientras en lo más pragmático ha implicado una oferta turística y de salud que en India genera muchos ingresos: Kerala esta llena de Resort ayurvedicos y no hay hotel, por más pequeño que sea, que no ofrezca salud a occidentales ávidos de otras técnicas y sabidurías de sanación, más allá de las críticas a lo que muchas veces es un simple hecho más de oferta y consumo, con sus engaños asociados.</p>
<p>En fin, una experiencia Kerala. Otro y el mismo mundo la India. De los caminos que oriente transite en su actual vivir la modernización dependerá mucho la forma y sentidos que adquiera  la mutación de época de histórica que hoy sacude a la modernidad, aquí y allá. Y en eso, como escribimos, la complejidad está fluyendo.</p>
<p>Asimismo resuena en mi la convicción que en el futuro planetario un desafío clave será el cómo se encuentran, se des-encuentran, se reconcilian, se superan a si mismos en fusión o hibrídaje ambos “Yogas”: el de oriente y el de occidente. O dicho de otra manera: del cruce entre el ensimismamiento individual propio del oriente y la extroversión occidental, podría emerger la germinal síntesis ecológica que como humanidad necesitamos para dotarnos de continuidad.</p>
<p><em> </em></p>
<p><em>* Entrevista a Hervé Kempf de Luisa Corradini.</em></p>
]]></content:encoded>
			<wfw:commentRss>http://www.hernandinamarca.cl/blog/?feed=rss2&amp;p=223</wfw:commentRss>
		<slash:comments>0</slash:comments>
		</item>
		<item>
		<title>El cambio de época, la sustentabilidad y los potenciales escenarios históricos</title>
		<link>http://www.hernandinamarca.cl/blog/?p=218</link>
		<comments>http://www.hernandinamarca.cl/blog/?p=218#comments</comments>
		<pubDate>Sun, 18 Sep 2011 10:52:16 +0000</pubDate>
		<dc:creator>admin</dc:creator>
				<category><![CDATA[Sin categoría]]></category>
		<category><![CDATA[cambio de epoca]]></category>
		<category><![CDATA[ecologia]]></category>
		<category><![CDATA[historia]]></category>
		<category><![CDATA[sustentabilidad]]></category>

		<guid isPermaLink="false">http://www.hernandinamarca.cl/blog/?p=218</guid>
		<description><![CDATA[“Al saber que nuestras acciones pueden hacer peligrar el bienestar de las generaciones futuras, la humanidad enfrenta un desafío sin precedentes: anticiparse a las crisis por venir, considerar las alternativas futuras y adoptar las opciones adecuadas. El problema del futuro, que antes era materia para soñadores y filósofos, se ha movido al centro de las [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<div class="tweetmeme_button" style="float: right; margin-left: 10px;">
			<a href="http://api.tweetmeme.com/share?url=http%3A%2F%2Fwww.hernandinamarca.cl%2Fblog%2F%3Fp%3D218"><br />
				<img src="http://api.tweetmeme.com/imagebutton.gif?url=http%3A%2F%2Fwww.hernandinamarca.cl%2Fblog%2F%3Fp%3D218&amp;source=hernandinamarca&amp;style=compact&amp;b=2" height="61" width="50" /><br />
			</a>
		</div>
<p><strong><em> </em></strong></p>
<p><em>“Al saber que nuestras acciones pueden hacer peligrar el bienestar de las generaciones futuras, la humanidad enfrenta un desafío sin precedentes: anticiparse a las crisis por venir, considerar las alternativas futuras y adoptar las opciones adecuadas. El problema del futuro, que antes era materia para soñadores y filósofos, se ha movido al centro de las agendas científicas y de desarrollo.” (Raskin et. al., La Gran Transición, 2005).*</em></p>
<p><span id="more-218"></span>De esa conciencia acerca del potencial riesgo de sobrevivencia para las generaciones futuras, ha emergido el imperativo de la sustentabilidad en el actual cambio de época histórica.  La expansiva centralidad en el vivir individual y social que, desde los años sesenta del siglo pasado, ha ido adquiriendo el concepto de sustentabilidad, es a la vez una expresión y un activador del cambio de época histórica.</p>
<p>La sustentabilidad, como desafío emergente y catalizador cultural, es hoy acuciante en el vivir económico. Una pregunta inédita durante la modernidad, aunque ahora cada vez más reiterada, gira en torno a ¿si es viable continuar con la lógica del crecimiento económico ilimitado o bien es urgente transitar a un Decrecimiento &#8211; Retirada Sostenible o hacia una liberación &#8211; expansión de neo fuerzas productivas eco-tecno eficaces? Pero no solo en el dominio económico, también la sustentabilidad se expresa como desafío interrelacionado en la arquitectura, en la ingeniería y en diversos aspectos de la vida cotidiana.</p>
<p>Para aproximarnos al concepto, veamos qué dice la Real Academia de la Lengua (RAE) sobre lo sustentable y lo sostenible. Sustentable es lo que se puede sustentar; y sustentar es el acto de conservar algo en su ser o estado. Mientras la palabra sostenible alude a un proceso que puede mantenerse a si mismo. De estas definiciones, muy básicas, quedémonos con dos ideas que están en la base de ambos conceptos: lo que denota la palabra conservar, por un lado, y el proceso autorreproducible, por otro. Es que es muy interesante la potencia conceptual que conlleva la articulación del sentido de ambas palabras (sostenible-sustentable), pues desde la ciencia sistémica hoy sabemos que para que un proceso-sistema se auto-reproduzca, este debe conservar algo.</p>
<p>Y en esto radica la clave del por qué históricamente en la actual transición de época ha emergido el concepto sustentabilidad o sostenibilidad: pues, es hoy cuando vivimos conscientemente el desafío histórico de la autoreproducción del sistema social, cuya condición es conservar el acoplamiento estructural congruente entre cultura humana y biosfera. (1)</p>
<p>A inicios de los 80, Lester Brown, Premio de Naciones Unidas por su aporte ambiental y fundador del World Watch Institute, fue pionero en acuñar políticamente el concepto desarrollo sostenible o sustentable. Él definió a una sociedad sostenible como aquella capaz de satisfacer sus necesidades sin disminuir las oportunidades de las generaciones futuras. A poco andar, en 1987, la formalización definitiva del concepto vino de la mano del Informe Brundtland, en la Comisión Mundial de Medio Ambiente y Desarrollo de las Naciones Unidas: ssatisfacer las necesidades de las generaciones presentes sin comprometer las posibilidades de las del futuro para atender sus propias necesidades.</p>
<p>Más allá de la deriva posterior del concepto creado por Brown (apropiado por el <em>establishment </em>eeconómico, hasta casi vaciarlo de sentido), lo que importa es que el concepto sustentabilidad como una interpelación para crearnos un nuevo modo de vida y actitud, primero, y el desarrollo sustentable, en su forma de discurso económico y político, después, fueron las primeras respuestas a lo que veníamos haciendo como sociedad moderna, cuando enceguecidos por el crecimiento económico y demográfico ilimitado, más el “progreso” material y tecnológico, arribamos a un punto en que potencialmente podríamos clausurar las oportunidades de las generaciones venideras, además, de autodañarnos en el presente. Apenas unas década antes –en los sesenta- habíamos empezado a tomar conciencia colectiva de la pérdida de biodiversidad, la destrucción de la capa de ozono y las primeras proyecciones del cambio climático.</p>
<p>¿Por qué habíamos arribado a ese punto? Precisamente la respuesta se relaciona con el sentido más profundo de las palabras sustentable y sostenible: por no conservar lo que debíamos conservar para que el sistema se autoreprodujera. Ese, por tanto, es el desafío de la sustentabilidad: hacer coherentes-congruentes nuestras actividades economicas con la naturaleza, cosa de sustentar-conservar  las mismas, y así permitir la autoreproducción del sistema social y la continuidad intergeneracional. Esto es, no pertubar de manera destructiva el acoplamiento estructural cultura-naturaleza, con la eventualidad incluso que se destruya la organización-sistema cultura. Por ello, de ahí en más, como veremos, expansivamente todos los esfuerzos humanos han apuntado a hacernos cargo de tamaño desafío.</p>
<p>Y por ello, incluso, organismos internacionales y una diversidad de autores desde hace un tiempo han venido reflexionando sobre distintos y potenciales escenarios históricos; corolario de la crisis de continuidad –de sustentabilidad- a la que como humanidad nos ha arrastrado el modo de vida  moderno.</p>
<p><strong> </strong>En el estudio colectivo y global, <em>La Gran Transición</em>, citado en el epígrafe, se consideran tres posibles escenarios históricos: el de los <em>Mundos Convencionales, el de la Barbarización </em>y el de las <em>Grandes Transiciones. </em></p>
<p><em> </em>El primero supone que el sistema global en el decurso del siglo XXI evolucionará sin mayores sorpresas, ni habrán fuertes discontinuidades ni transformaciones fundamentales de las bases de la civilización humana. Las mismas fuerzas y valores dominantes –de la modernidad- que conducen actualmente la globalización serán las que conformarán el futuro. En este escenario, algunos ajustes graduales de mercado y de políticas, junto a innovaciones tecnológicas, permitirían resolver los problemas sociales, económicos y ambientales. Según la mirada de los mundos convencionales, tan solo hoy vivimos una época de cambios.</p>
<p>Al contrario, el escenario de la <em>Barbarización</em> considera la posibilidad que la lógica moderna convencional sea incapaz de resolver los actuales problemas y que, por el contrario, estos lleven sucesivamente a crisis auto-amplificadas que vayan superando cada vez más la capacidad de las instituciones convencionales para resolverlos, con la consecuentes crisis y dolor social, anarquía o tiranía.</p>
<p>Y en el escenario de las <em>Grandes Transiciones</em> se esperan profundas transformaciones históricas. Emergen y se consolidan nuevas conductas, valores y miradas que ponen el acento en la búsqueda del bienser y de un bienestar basado en la calidad integral de vida, la simplicidad voluntaria y la suficiencia material, la solidaridad y la equidad planetaria, la sostenibilidad con el medio ambiente.</p>
<p>Estos dos últimos escenarios, históricamente posmodernos, son consistentes con el supuesto que hoy vivimos un cambio de época histórica.</p>
<p>En nuestra opinión, estos tres potenciales escenarios históricos en los hechos hoy ya están coexistiendo y son la expresión del desgarro propio de una transición epocal. Y somos los hombres y mujeres que vivimos en el presente como Historia, con nuestras deseos, ideas y acciones, quienes conciente o inconcientemente orientamos la balanza en un sentido u otro.</p>
<p>El escenario de mundo convencional, por ejemplo, aún hegemónico y  administrado por la sensibilidad tecnócrata, quiere continuar con el modelo de desarrollo y visión de mundo propio de la modernidad occidental; mirada que luego de una inequívoca creatividad en la deriva humana, en el último tiempo se ha mostrado agotada e incapaz de lidiar con los nuevos desafíos de un mundo interrelacionado y de superar su sino también destructivo.</p>
<p>El escenario de la barbarización se expresa en las destrucciones parciales, tanto ambientales, como tecnológicas, sociales o causadas por enfermedades, que estamos viviendo y que, si se tienden a extremar, podrían terminar causando una regresión en la cultura material de la especie (el sociólogo e historiador de la cultura norteamericano Morris Berman, en su obra el <em>Crepúsculo Americano</em> ha escrito páginas notables proyectando una suerte de nueva Edad Media).</p>
<p>Y el escenario de la Gran Transición también lo vivimos a través de la expansiva y diversa construcción, con ideas y prácticas, de la emergente nueva mirada o paradigma social ecológico y sistémico. La promesa de este escenario, aunque con tensiones, es abrir un nuevo cauce a la deriva humana.</p>
<p>Aunque la actual crisis de época es planetaria (pues son globales sus dimensiones demográficas, económicas, tecnológicas y ambientales, entre otras), es igual de complejo y abierto la manera cómo las distintas áreas socio-geográfico-culturales participan y participaran de estos escenarios.</p>
<p>En el mundo occidental, la vieja y moderna Europa, en tanto orgánicamente auto-construyó la modernidad, hoy, dicho en forma coloquial, vendría históricamente de vuelta de la misma, por lo que estaría mejor preparada para la Gran Transición (es la tesis de Jeremy Rifkin en su obra <em>El Sueño Europeo</em>). En cambio, el gobierno de Estados Unidos, Estado nación moderno más joven, soberbio e impetuoso, ha actuado reactivamente como adalid del Mundo Convencional en las conferencias mundiales a la hora de asumir políticas ambientales coherentes con la transición necesaria. Sin embargo, sus intelectuales, en especial de la costa oeste americana, son los portadores de la reflexión más avanzada sobre estos procesos histórico transicionales (Ken Wilber, Fritjof Capra, Thomas Berry, Morris Berman, Brian Swimme, Al Gore, Ray Griffin, y un largo etcétera), así como sus movimientos contraculturales internos son una avanzada planetaria en estos desafíos.</p>
<p>Asia, con su especifica modernización, hasta hace poco solo quería crecer económicamente, sin importar los costos ambientales u otros. En los últimos años, sin embargo, afortunadamente China estaría empezando a ser sensible ante la magnitud y urgencia que nos impone la crisis ambiental. En marzo de este año, por ejemplo, en la reunión política más relevante del sistema político chino, que convoca a la Asamblea Popular Nacional y a la Conferencia Consultiva del Pueblo, los principales líderes acordaron abordar seriamente las necesarias innovaciones en lo ambiental y productivo.</p>
<p>América Latina, con su modernización ¿frustrada o realmente existente?, es un crisol abierto. Desde ánimos enfocados en el crecimiento económico a cualquier precio, que no ven la crisis, hasta tesituras indigenistas que en los encuentros planetarios asumen posturas radicales en pro de una Gran Transición cultural pos-occidental y posmoderna. Ese fue, por ejemplo, el rol de Evo Morales y Bolivia en la última cumbre ambiental en Cancún 2010. Y finalmente África, pero poco se puede decir del continente donde viven los condenados de la Tierra, parafraseando la ya añosa expresión del desaparecido líder anticolonialista y panafricano, Franz Fanon.</p>
<p>El historiador británico Arnold Toynbee, en su conocida teoría cíclica sobre el nacimiento, desarrollo y ocaso de las civilizaciones, trazó la sugerente tesis que estas nacen y se expanden cuando sus respuestas son exitosas antes los desafíos que al ser humano en su devenir le toca vivir; así como en estas adviene el ocaso y la decadencia cuando son históricamente impotentes para enfrentar nuevos desafíos. En el escenario del ocaso, la radicalidad del mismo, dependerá de la emergencia de la cultura naciente que –como opuesto- conlleva toda decadencia.</p>
<p>Y como en el devenir histórico no hay nada definido a priori, la verdad en la Historia es sólo lo que ocurrirá tras el despliegue de nuestros deseos, que ojala en la actual encrucijada se orienten o tomen partido por la sustentabilidad; atractor o idea fuerza convocante para materializar y convertir en hegemónico el escenario de la Gran Transición.</p>
<p>Así como los siglos constituyentes de la modernidad fueron animados por el movimiento intelectual y creativo de la Ilustración, que ayer actuó como un nuevo paradigma social moderno y subversivo ante lo que era la agotada cosmovisión del mundo feudal y medieval, las décadas postsesenta del siglo XX y las próximas décadas del siglo XXI están siendo y estarán animadas por el movimiento de nuevas ideas y prácticas del paradigma social posmoderno (llámese paradigma ecológico, holístico, sistémico o como sea) que hoy esta cuestionando desde sus raíces el antiguo y agotado modo de vida y cosmovisión moderna. En ambos casos, ayer y hoy, se trata de procesos en los que todo lo humano, ya sea consciente o insconcientemente, se ve interpelado a tomar partido.</p>
<p>Es entonces ese contexto histórico, signado por el desafío de la sustentabilidad, el que explica las preguntas que distintos autores nos hemos venido haciendo desde hace años. Sólo algunos botones de muestra. <em>La comunidad humana y el mundo natural llegarán al futuro como una sola comunidad sagrada o ambos perecerán en el desierto</em>. (Thomas Berry – Thomas Clarke, 1991) <em>Quizá la cuestión más importante a la que se enfrenta la humanidad es si podemos “salvar” la Tierra y evitar el derrumbe de la civilización</em>. (Jeremy Rifkin, 2004 &#8211; 2010); <em>La única pregunta que en este viaje hoy tiene sentido es si la humanidad moderna ¿podrá sobrevivir a sus propios poderes? He ahí el desafío a nuestra creatividad.</em> (Hernán Dinamarca, 1998)</p>
<p>Otros autores, lo dicen de manera aún más intensa: “nuestro mundo tiene los días contados, se avecina un colosal cambio que hará saltar en mil pedazos la periclitada modernidad… Dentro de muy poco, cuando volvamos a mirar fotografías en las que aparezcan nuestros rostros y que hayan sido tomadas a finales del siglo XX, nos asaltará la nostalgia de haber vivido, no ya en otro siglo, sino en otra era histórica. La página que comenzó con la Revolución Francesa se acabará de voltear definitivamente en el siglo XXI” (Sánchez Inarejos, Juan José, 2001).</p>
<p>Es que el proceso histórico que vivimos es crucial. “La ignorancia humana respaldada por la tecnología primordial o tribal era capaz de infligir un daño limitado a la biosfera, pero esa misma ignorancia apoyada por la industria moderna es capaz de destruir la totalidad del planeta. Tenemos, pues, que separar estos dos puntos, la ignorancia y los medios de que disponemos para ejercerla, porque actualmente y con la ciencia tenemos, por vez primera en la historia, una forma de superar nuestra ignorancia, en el mismo instante preciso en que hemos creado los medios para que esa ignorancia resulte globalmente genocida. Ése es precisamente el <em>quid </em>de la modernidad. Finalmente sabemos más pero si no actuamos en concordancia con lo que sabemos terminaremos todos muertos, lo cual aporta un nuevo significado a la frase de Confucio: «Que puedas vivir en un tiempo interesante»”. (Ken Wilber, 1997).</p>
<p>Sin duda, vivimos una encrucijada interesante. El cambio de época histórico  se acelera, las crisis se profundizan, las contradicciones se agudizan, las dinámicas sociales se complejizan.</p>
<p>El desafío urgente es que seamos capaces de crear un nuevo modo de vida, única manera de otorgarnos sustentabilidad y continuidad. Y para hacerlo es imprescindible –en nuestras conductas individuales y sociales- una radical ruptura de sentidos y prácticas con el antiguo y agotado paradigma social o cosmovisión de la humanidad moderna.</p>
<p>O escrito con los matices debidos: se trata de abandonar la mirada moderna que reduce, que fragmenta, que separa,  que unilateralmente promueve, valora e impone el lucro, el productivismo y el consumismo por sobre todas las cosas; y, <em>a contrario sensu</em>, se trata de profundizar en las emergentes ideas y valores de la nueva mirada sistémica y ecológica, que es posmoderna, así como también de emular el espíritu crítico, la autonomía, la creatividad y los primeros pasos de la empatía que nos enseñaron algunos de los padres fundadores de la modernidad.</p>
<p>A la fecha, la Carta de la Tierra (2000), elaborada en el entorno de las Naciones Unidas, por una pléyade de líderes a nivel planetario, es el documento más amplio e inclusivo y que mejor recoge los aportes de la nueva mirada sistemica y ecológica para dar una respuesta acorde al desafío de la sustentabilidad (ver en <a href="http://www.cartadelatierra.org">www.cartadelatierra.org</a>).</p>
<p>www.hernandinamarca.cl</p>
<p>*<em> El ensayo </em><em>La Gran Transición: l</em><em>a promesa y la atracción del futuro (2005, versión en inglés – 2006, versión en español, CEPAL, ONU) es </em><em>la culminación del trabajo del Grupo de Escenarios Globales, convocado en 1995 por el Stockholm Environment Institute como una estructura diversa e internacional para examinar los requisitos necesarios para lograr una transición hacia la sostenibilidad. Con el paso de los años, el Grupo ha aportado importantes evaluaciones de escenarios para organizaciones internacionales.</em></p>
<p><em> </em></p>
<p><em>1)</em><em>. El concepto acoplamiento estructural en los últimos años ha venido siendo usado primero en la biología sistémica (Maturana – Varela) y luego en las ciencias sociales sistémicas. Es un concepto extraordinariamente útil para distinguir y comprender la relación interactiva, co-deriva de influencia y perturbaciones mutuas, entre sistemas. El acoplamiento estructural aplica para sistemas vivos (autopoíeticos) y sistemas sociales (sociopoiéticos). Esto es para sistemas que se autocrean como red cerrada cuyos componentes se autoreproducen conservando su organización y conservando su acoplamiento estructural congruente entre si y/o con su entorno. </em></p>
<p><em> El acoplamiento estructural ocurre a través de las perturbaciones-irritaciones que surgen de los flujos de intercambio entre los sistemas. Todo en una dinámica adaptativa mutua que hoy en la Historia resulta crucial. En ése marco comprensivo, mientras nos movamos en conductas coherentes con las perturbaciones toleradas por la memoria común-historia de acoplamiento, los sistemas cambian conservándose al mismo tiempo, en si y en su acoplamiento. Si las conductas de ambos o uno de los sistemas acoplados escapan de esa memoria común y se tornan en perturbaciones mutuamente destructivas –no congruentes-, ya sea ambos o uno de los sistemas pueden desaparecer. Y en casos extremos, como cuando hablamos de las interacciones de acoplamiento entre sistemas mayores (que es el caso de la memoria hoy común de la especie humana (la cultura e Historia como sistema) acoplada con la biosfera), debido a nuestras actuales conductas extraordinariamente irritantes para el sistema biosfera, incluso podría colapsar la deriva de parte importante de la especie. </em></p>
]]></content:encoded>
			<wfw:commentRss>http://www.hernandinamarca.cl/blog/?feed=rss2&amp;p=218</wfw:commentRss>
		<slash:comments>0</slash:comments>
		</item>
	</channel>
</rss>

