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Mujica lo hizo otra vez

Fue hace un año, en Río + 20, cuando el viejo lindo que es Mujica nos emocionó con un discurso de esos que calan. Ahora, en el mismo tono, va hasta el salón plenario de la ONU y, con esa gracia y lucidez tan propia del hombre sencillo de nuestra América, reitera lo que sabemos: el consumismo y la inequidad social, desmadre ambiental mediante, nos tiene al borde del despeñadero. A todos.

 En lo personal, sus palabras me provocan. Para bien y para mal.

Que bueno que las pronuncie un mandatario con esa claridad y de inmediato las repliquen urbi et orbi, agitando las redes sociales. En you tube su reciente discurso es top. Que bueno, así entusiasma las conciencias de tantos seres humanos, jóvenes y viejos, y de variopintas organizaciones sociales y emprendimientos ciudadanos que hoy, con hechos, impulsan un nuevo modo de vida eco-sustentable, que es lo que Mujica parece querer verbalizar en sus apasionados discursos.

Que mal, sin embargo, que en su país no práctica lo que predica, al tenor del cuestionamiento que hacen sectores ciudadanos. En nombre de incentivar el consumo y en un supuesto crecimiento económico que beneficiaría a los más pobres, la tecnocracia se ha encargado de aprobar leyes que van contra la sustentabilidad socio-ambiental y emocional. Solo dos botones: este año se acaba de aprobar una ley  que promueve la megaminería, en un país que nunca ha sido minero, y en los últimos años se han aprobado megaproyectos inmobiliarios con consecuencias nefastas para la rica biodiversidad de la bella costa atlántica uruguaya. En ambos casos activando la indignación y protestas de ecologistas y movimientos ciudadanos.

Antes escribí que esas medidas (el crecimiento que incentiva el productivismo y consumismo a cualquier costo) van contra la sustentabilidad emocional, en tanto conocemos los dolorosos ecos existenciales de empezar a sobrevivir endeudados de la banca y del retail solo para consumir y consumir, ya sean bienes y más bienes, ya sea educación, ya sea atención en salud. En Chile, tal tesitura la conocemos. Por ejemplo, en el discurso de los estudiantes movilizados, ese dolor ha estado como centro de sus motivaciones, tras ellos crecer en la experiencia cotidiana de la sobreexplotación, sufrimiento y desamparo social de sus padres.

Solo cabe esperar, más allá del irracional sacrificio ambiental, que al menos haya cierta consistencia en las políticas sociales de protección a las personas por parte del presidente uruguayo. Hay que decir que estas tensiones son también propias de Correa, de Evo, de Dilma, y así entre los gobiernos con énfasis social en América Latina, que se ven impelidos a promover políticas económicas que la academia denomina un neo-extractivismo de recursos naturales con enormes consecuencias ecológicas y socio-culturales; cuyo ecos, para bien o para mal, aún no están a la vista en plenitud.

(Un texto más enjundioso sobre esta materia, se puede leer en este mismo blog en la crónica a propósito del Presidente Mujica y de Río + 20, del 7 de agosto.

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