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Izquierda y derecha: ¿son hoy categorías históricas pertinentes?

En SitioCero hace unas semanas Samuel Vial se preguntaba ¿si aún nos interpretan las categorías políticas de izquierda y derecha? Desde hace un par de décadas, pos caída de tantos muros, la misma es una pregunta recurrente. Como bien lo recuerda Vial, en nuestras conversaciones cotidianas sigue siendo reiterada la interpelación personal en torno a definiciones en uno u otro signo. El asunto entonces no es trivial.

Ante tan complejo tema, las respuestas más comunes han sido tres. Una, aquellos que cómodamente todavía moran en las categorías inauguradas en los orígenes de la modernidad cuando los primeros adalides de la revolución francesa se sentaron a la izquierda en la Asamblea Nacional Constituyente (1789) y sus detractores lo hicieron a la derecha. Para estos, izquierda y derecha mantendrían su pertinencia histórica y de sentidos, pese a los nuevos desafíos culturales; desafíos que, digámoslo, suelen confundir a la antigua izquierda y derecha moderna. Dos, aquellos –tesitura de Vial- que observan lucidamente la existencia de un nuevo escenario histórico con sus emergentes desafíos culturales. Es decir, los contenidos que ayer unían a izquierdas y derechas y los separaban férreamente entre si, han cambiado, ergo, esas viejas categorías modernas han perdido vigencia histórica. Y tres, quienes también observamos que el mundo cambió y que ante las nuevas contradicciones y desafíos culturales, por ejemplo, ecología, Internet y el respeto a la diferencia, parafraseando a don Nica, las modernas “izquierda y derecha unidas jamás serán vencidas”. Dicho eso, sin embargo, esta tercera mirada se declara perpleja: si ya no tendríamos izquierda y derecha a la manera moderna, ¿cómo vivir y participar entonces en la resolución de las inevitables nuevas contradicciones históricas y culturales?

Ayer los actores que se sentaron a la izquierda en la Asamblea francesa lo hicieron animados por sueños que construirían una época histórica fascinante –la moderna-, hoy agotada por sus propios excesos creativos y destructivos. Entonces, ¿cómo resignificar el actual conflicto mayor asociado a la sustentabilidad en todos sus amplios dominios socio-ambientales, que nos interpela necesariamente a soñar con la construcción de una nueva historia y un nuevo modo de vida? ¿Y cómo hacerlo dejando de lado esas anacrónicas categorías y al hacerlo obviar el sentido de cambio histórico y de rebeldía creativa que antes animó a la izquierda (y cuando digo izquierda evoco a los grandes liberales y diversos socialistas de antaño)? Difícil. El mismo Vial expresa con claridad meridiana el sustrato ético de esta tensión: “este pesimismo reinante y la caída de los [antiguos] liderazgos políticos nos están enviando una profunda señal. Las personas necesitan doctrinas, necesitan concepciones claras de vida. Y esas miradas, esas cosmovisiones de cómo nos organizamos como sociedad, deben tener coherencia entre lo que se dice y lo que se hace”.

En esto, en el actual escenario de alta complejidad histórica, la respuesta a la larga será simplemente lo que ocurrirá. No sé si se mantendrán las categorías políticas de izquierda y derecha; es claro que no lo harán con el absoluto sino de rigidez ideológica. Pero lo que intuyo es que si no somos capaces de tomar partido en decisiones cotidianas, de asumir opciones hasta mancharnos como quería Gabriel Celaya (en el “partido” de la sustentabilidad, por ejemplo), día a día seguiremos hipotecando nuestro futuro. Al menos un futuro en que puedan perdurar algunos de los logros democráticos, de autonomía y de calidad de vida material que ayer construyeron los soñadores que el azar sentó a la izquierda de un derruido edificio parisino justo cuando moría el antiguo régimen y nacía uno nuevo.

Con el ánimo de complementar con una perspectiva de cambio histórico y cultural la pregunta sobre la vigencia de izquierda y derecha, van aquí algunas ideas expresadas en el estilo de tensiones y contradicciones que en el actual cambio de época nos invitan a asumir opciones. (Aclaro al lector que se trata de extractos de los capítulos finales de los libros El Viaje en el Uro Aruma, 1998, y Epitafio a la Modernidad, 2004).

 

“En el actual cambio de época histórica, iniciado en los años sesenta del siglo XX*, hombres y mujeres que sufrimos, reímos, soñamos y deseamos somos interpelados a tomar partido existencial en torno a una diversidad de nuevas contradicciones culturales. Asombrados ante la complejidad e incertidumbre, permanecemos entre lúcidos y confundidos, encantados y desencantados. Pese a todo, en este contexto emocional de época, por ahí, en las olas del océano histórico, emergen nuevas ideas y luces, encarnadas, que nos agitan y alertan.

Por ser integral y orgánica a la Historia, la teoría de transformación cultural de Riane Eisler enfatiza que, en períodos de desintegración social o desequilibrio extremo de los sistemas -como ocurre en el actual cambio epocal- existe una oportunidad para el cambio socio-ideológico transformativo (…) (Pero) así como para la bifurcación de cualquier otro sistema se requiere más que desequilibrio (se requieren atractores y estructuras emergentes), para que emerja una organización social diferente se necesitan suficientes nódulos de cambio transformativo para crear, en el lenguaje de la dinámica no-lineal, una nueva atracción que -mientras fluye el sistema- lo reconstituya en una nueva configuración básica. **

Vivenciar personalmente entonces un sentido en la actual encrucijada histórica, requiere asumir la complejidad cultural del presente. Por lo mismo, ordenaré brevemente algunos atractores y los principales nódulos de cambio transformativo (cambio histórico y cultural).

I) Atractores: una alfabetización para la complejidad cultural del presente

En el actual cambio de época, desde la propia ciencia sistémica de occidente (en encuentro con otras cosmovisiones culturales) surgen sabidurías y orientaciones (nuevos atractores) para vivir creativamente la complejidad cultural del presente. Entre estas:

– Reciprocidad: desde la ciencia sistémica (y nuevo paradigma ecológico) sabemos que la Tierra se genera a sí misma en red. Por eso es un desafío cultural (re) asumir en nuestro modo de vida la concordancia ecológica de todos los organismos en el interior de la biosfera. Escribo reasumir porque el valor de la reciprocidad fue central en muchas culturas precedentes, de oriente y occidente, que vivían ajenas a la ilusión de separatividad moderna.

Es imprescindible nuestra reciprocidad con todos los otros seres vivos para reconstruir la comunidad que es la Tierra. En cualquier devenir cultural del futuro, cada vez que actuemos desde nuestra naturaleza-cultura, será condición indispensable considerar la reciprocidad, en el sentido de vivir nuestras acciones como si fueran un “no obrar” taoísta en el fluir del todo. Es decir, una acción de mínimo impacto -ruptura- con el propósito de que fluyamos en el hilo de la continuidad.

– Autorregular nuestra propagación: hoy sabemos que la Tierra es auto-propagativa. La vida se propaga a cada segundo. Y como a través de la cultura hemos generado nuestra propia dinámica de auto-propagación, entonces es pertinente preguntarnos: ¿cuántos humanos podremos vivir en el planeta?

Es un desafío ineludible regular nuestra explosión demográfica y no continuar con un ciego crecimiento de plaga. Nos tenemos que auto propagar en equilibrio con las otras dinámicas de auto-propagación. Si hoy somos la única especie que en los ecosistemas no es amenazada con riesgo de vida por otros depredadores -salvo por nosotros mismos-, obviamente es nuestra responsabilidad autorregular el crecimiento de la población humana.

– Una emergencia concordante: hoy sabemos que la Tierra se caracteriza por la permanente emergencia de nuevas estructuras y organizaciones. Es el caso de nuestra especie, que expresa su emergencia a través de la cultura material y simbólica: tecnologías, ciudades, códigos, etcétera.

Entonces, en el futuro todas estas tecnologías -nuestra emergencia cultural- tendrán que ser co-adaptadas a las tecnologías de la propia Tierra. Por ejemplo, cómo generar energía renovable sobre la base del aprendizaje de las estrategias que usan otros organismos vivos, cómo hacer ciudades verdes y sustentables, cómo proceder a vivir en una radical “reciclabilidad” material, etcétera.

– Bio-regiones auto-nutrientes: sabemos que otra dinámica de la Tierra es ser auto-generativa o auto-nutriente. Nuestra cultura históricamente se ha nutrido con la agricultura y con la manufactura. Pero al hacerlo sin concordancia ecológica hemos eliminado gran parte del suelo de buena calidad y contaminado las aguas y la atmósfera como si hubiese operado un “invierno nuclear”.

Hoy es un desafío asumir la bio-región (un ecosistema o conjunto de ecosistemas) como la unidad geo-física base de una nueva división económica y administrativa. Y en esas nuevas unidades usar los recursos renovables que puedan ser recuperados por la propia región y reciclar los no renovables en un 100%. Los desechos no pueden ser más que los que la bio-región pueda absorber.

¡Qué desafío para la creatividad! ¿Cómo hacer una comunidad biótica auto-nutriente que nos incluya como humanos, si nuestra organización económica presupone primero el uso, luego la depreciación y finalmente el agotamiento de los recursos naturales, alienados aún como estamos en la absurda y paradojica lógica de corto plazo del crecimiento económico ilimitado, el consumismo y la no-durabilidad de los bienes?

– Una geo-regulación: hoy sabemos que la Tierra se gobierna a sí misma y que en un bioma cada especie tiene un hábitat y un rol. En cambio nuestro estilo de gobierno ha sido vertical, negándonos entre nosotros y a las otras especies el derecho a tener su propio hábitat y su rol.

Sobre esta base se fortalece la idea de biocracia, entendida como una manera horizontal de relacionarnos entre nosotros y las otras especies, sobre todo en los ámbitos locales de interacción cotidiana.

La ya antigua idea moderna de la soberanía de los estados naciones hoy está terminando, así lo sugiere la interrelación de todos los ecosistemas de la biosfera; las redes económicas mundiales que trascienden los antiguos mercados nacionales; las nuevas leyes globales que trascienden los antiguos marcos jurídicos confinados a los estados-nación; y la circulación planetaria de símbolos que trasciende cualquier frontera geopolítica y cultural.

En lo planetario, el actual desafío geopolítico es transitar a un sistema que sea gaia-regulador de una economía y red energética ecológica, ético-regulador de las diferencias culturales y no inclusivo de agentes disruptivos como el comercio de armas de todo tipo y de tóxicos. Y a la vez, en lo particular y local, debemos establecer e institucionalizar nuevos procesos de descentralización sobre la base de comunidades humanas a escala bio-regional.

– Especificidad, subjetividad y pertenencia: desde la ciencia sistémica se nos impulsa a experienciar íntimamente lo que hasta hoy hemos llegado a saber del universo. Éste tiende a la expansión y diferenciación en unidades discretas, de ahí el valor de reconocer y amar nuestra especificidad -conocernos y querernos a nosotros mismos- y elegir nuestra propia misión, que esta inmersa en el sentido del universo.

El universo tiende a la subjetividad, a la conciencia, de ahí la necesidad de aguzar nuestra sensibilidad y profundidad para un re-ligare (este es el sentido etimológico y la intimidad más profunda de la religión) con nosotros mismos y con el todo cósmico.

El universo tiende a la integración y comunión, de ahí el despliegue de nuestro sentido de pertenencia a la familia, a la cultura, a la Tierra, a las generaciones pasadas y a las que vendrán, que devienen implícitas en su propio devenir.

– Reciclaje, asociación y flexibilidad: hoy sabemos que los ecosistemas se comportan como redes autopoiéticas (Maturana y Varela) y estructuras disipativas (Ilya Prigogine). Entonces tenemos que asumir en nuestra acción la interdependencia ecológica, es decir, las relaciones integradas entre todos sus miembros.

Tenemos que reconocer la naturaleza cíclica de los procesos y, en consecuencia, asumir el reciclaje en todos nuestros gestos (eco-nómicos = la casa del ser) en la vida. Si el ecosistema como un todo no produce desperdicios, con la triste excepción de nuestra presencia separada -desconectada, enajenada- que en su alteración ciega se convierte en desperdicio, ha llegado la hora de reconectarnos y reciclar nuestras vidas y acciones.

Tenemos que reconocer que, además de la competencia, la asociación-cooperación es una de las características distintivas de la vida y, en consecuencia, asumir el principio de flexibilidad en la resolución de los conflictos intrasistema.

Tenemos que reconocer el papel de la diversidad y, en consecuencia, asumir que la biodiversidad hace más resistente a los ecosistemas y la sociodiversidad cultural hace más creativas a las sociedades humanas, siempre y cuando se trate de comunidades humanas sostenidas por una red de relaciones y no de colectivos fragmentados.

 

II) Las nuevas contradicciones culturales

En el presente histórico hay nuevos atractores, que ya vimos, y aumentan los nódulos de cambio transformativo: lo son las nuevas contradicciones, tensiones, desafíos en nuestro presente como Historia. En esta miríada de emergentes contradicciones culturales radica la complejidad del actual momento histórico, que se nos aparece tan distinto y tan lejano, en su complejidad, a los conflictos que nos orientaron en la ya antigua época moderna.

Las nuevas sensibilidades (atractores) se están constituyendo a partir de polaridades conflictivas o matices que viven las personas frente a los nuevos -y viejos- temas culturales (en los que los modos de vivir emergentes introducen nódulos de cambio transformativo). Todos, de una u otra forma, participamos en estas tensiones. Obviamente que cada uno puede asumir distintos roles, más o menos proactivos, en cada una de estas nuevas tensiones, dependiendo de sus memorias-experiencias, saberes e intereses-lugar que ocupa en la vida social.

A manera de síntesis enumeraré, como si fueran interrogantes abiertas y ante las cuáles es ineludible tomar partido, algunos ejemplos de tensiones que interpelan hacia los nódulos de cambio transformativo y de los atractores (ideas) que hoy aparecen como capaces de ir construyendo la emergencia de una nueva organización social, en ruptura y continuidad, configurando así una nueva época histórica (pos moderna, en el sentido que históricamente trasciende a la modernidad, aunque su nombre será tarea de los actores del mañana).

1. En la actitud que asumamos ante la crisis ecológica. En ese sentido hoy actúa como atractor hacia el cambio histórico el hecho de oponernos a la lógica moderna del crecimiento económico ilimitado y al progreso material irresponsable e irreflexivo. En la cotidianeidad este asumir una actitud pro – sustentabilidad ecológica implica vivir inhibiendo el consumismo y el sobreconsumo, promoviendo la durabilidad de los bienes, reciclando en pos de la desmaterialización de la economía (esto es, la disminución de las actividades extractivas), aspirando al bienser y a una buena calidad de vida (bienestar), despojándonos de la lógica del lucro, participando en asociaciones económicas y ciudadanas basadas en la colaboración.

Mientras que continuar viviendo en la lógica del crecimiento económico, la maximización de la producción, la búsqueda del lucro y el sobreconsumo, es una idea ya antigua que nos empuja hacia la insustentabilidad.

2. En la actitud que asumamos frente al autoritarismo -que no es lo mismo que autoridad y liderazgo-. En este caso la idea que actúa como atractor hacia el cambio histórico es la aceptación real de la diversidad cultural, étnica y sexual; esto es, aprender a vivir en el más profundo sentido democrático, aceptando el respeto a la legitimidad del otro-a (idea y valor que subsume y trasciende el ya antiguo valor moderno de la tolerancia, que solía operar entre iguales).

Mientras que continuar con más de la misma mirada moderna, que ha sido tan despectiva y autoritaria con lo extraño y diferente, ya sea en los dominios culturales, sexuales, sociales, ideológicos, es lo antiguo e insustentable.

3. En la actitud que asumamos ante la bioética. Aquí es un atractor hacia el cambio histórico criticar al irresponsable juego demiúrgico con la biotecnología y el comercio transgénico que vienen efectuando las empresas transnacionales de la salud y la alimentación, orientadas por la búsqueda del lucro. Es un atractor experienciar un sabio sentido de responsabilidad en la exploración genética y biotecnológica.

Mientras que incentivar de cualquier forma la práctica biotecnológica y el consumo de esos productos con sus aún inasibles riesgos para la co-evolución de los actuales seres vivos, es lo antiguo e insustentable.

4. En la actitud que asumamos ante el curso que deberá seguir el inevitable proceso de planetarización. Aquí es un atractor hacia el cambio histórico promover la unidad de la especie en su diversidad cultural, incentivando instituciones que respeten los derechos humanos y que cautelen la sustentabilidad social y ambiental del planeta.

Mientras que aceptar acríticamente la “macdonalización” cultural del mundo y la globalización sólo como una realidad económica-financiera desregulada y controlada unilateralmente por las empresas transnacionales, es lo antiguo e insustentable.

5. En la actitud que asumamos ante el drama mundial y local de la pobreza. Aquí es un atractor hacia el cambio histórico promover el valor de la solidaridad, la redistribución social y el empoderamiento existencial de los socialmente excluidos.

Mientras que cerrar los ojos ante la insoportable extensión de la pobreza y miseria y su consecuente inseguridad social y cultural, es lo antiguo e insustentable.

6. En la actitud ante el cambio cultural en curso en nuestra vida más íntima. Aquí es un atractor hacia el cambio histórico dejarnos seducir por el nuevo rol de la mujer y de la nueva masculinidad.

Mientras que mirar de soslayo y con sospecha la integración y horizontalidad de los géneros, queriendo permanecer en el estanco del violento y antiguo patriarcalismo, es lo antiguo e insustentable.

7. En la actitud que asumamos ante la explosión demográfica. Aquí es un atractor hacia el cambio histórico imaginar y aplicar medidas para la autorregulación de la población.

Mientras que no manifestar una opinión ante una eventual saturación por la presencia inmanejable de la plaga más depredadora de la biosfera, es lo antiguo e insustentable.

8. En la actitud que asumamos ante el religare espiritual. Aquí es un atractor hacia el cambio histórico valorar socialmente el cambio personal e incentivar las terapias y las nuevas espiritualidades para reencantar la vida cotidiana, y también lo es reencantarnos con el asombro, con el misterio cósmico y con nuestra conciencia.

Mientras que condenar las prácticas espirituales con una burda descalificación es lo antiguo e insustentable.

9. En la actitud que asumamos en la política democrática. Aquí es un atractor hacia el cambio histórico promover la democracia participativa con una ciudadanía empoderada, libre e informada en los niveles de participación ciudadanos, ya sea en los estados-nación, en lo local o en lo regional y mundial.

Por ejemplo, en la promoción de la participación de la sociedad civil mundial en las organizaciones y conferencias globales, en la promoción de la descentralización real y en la entrega de responsabilidades democráticas a las localidades y bio-regiones. El físico brasileño Augusto de Franco denomina “holocracia” a esta nueva práctica democrática postmoderna: “La humanidad global va siendo construida por relaciones ético-políticas que sólo se pueden ejercer en espacios de acción local. A esta nueva forma de hacer política le corresponde como régimen la “holocracia”, un gobierno común o gobierno de todos y cada uno”.

Mientras que imponer límites a la autorregulación de las mayorías en cualquier nivel, negando en los hechos la ciudadanía con el pretexto de la supuesta pre-eminencia de la “democracia natural” del mercado, unilateralizando así la supuesta “soberanía” de los consumidores, es lo antiguo e insustentable.

10. En la actitud que asumamos ante la realidad de los medios de comunicación. Aquí es un atractor hacia el cambio histórico la incorporación creativa y extensiva -en pos de una nueva “alfabetización”- de las nuevas tecnologías de la comunicación que hoy a todos nos permiten generar sentidos, ya no sólo con la palabra y el gesto interpersonal. También es un atractor el mantener la arquitectura libertaria de Internet y promover una actitud serena con la tecnología, evitando la perdida de la próximidad humana, la ausencia del projimo, que podrían conllevar las tecnologías de la comunicación.

Mientras que tanto el ensimismamiento en las redes tecnológicas como el coartar, censurar o privatizar en muy pocas manos hasta la más íntima y humana posibilidad de decir, es lo antiguo e insustentable.

11. En la actitud que asumamos ante la diversificación de derechos y responsabilidades. Aquí es un atractor hacia el cambio histórico, por ejemplo, la defensa de los derechos de los usuarios de los bienes y servicios, de los niños y de otros grupos etáreos.

Mientras que sus limitaciones, omisión o despreocupación son lo antiguo e insustentable.

12. En la actitud que asumamos ante la imprescindible reorganización de la vida económica en curso. Aquí es un atractor hacia el cambio histórico reflexionar sobre un nuevo rol para la empresa privada orientada por un modelo de gestión de la sustentabilidad, un nuevo rol de un Estado regulador del mercado y a la vez incentivar y valorar el nuevo tercer sector productivo y asociativo, solidario y sin fines de lucro que surge en la sociedad civil.

Mientras que fetichizar al todopoderoso “mercado” que hoy más parece un “neo-estado orwelliano” que protege el reino del consumo pre-programado por unas pocas empresas oligopólicas y transnacionales, es lo antiguo e insustentable.

13. En la actitud que asumamos ante la ética. Aquí es un atractor hacia el cambio histórico vivir responsable y reflexivamente en una nueva ética de la coherencia entre el decir y el hacer en la vida cotidiana, en una ética de la pertenencia responsable hacia con la memoria, el futuro, la familia y la comunidad, en una ética que no separa los fines de los medios.

Mientras que auto-mentirnos día a día con una moral esquizofrénica, que separa lo público y lo privado, el decir y el hacer, y negar nuestro vivir en red, continuando en la ilusión de unidades en separatividad, es lo antiguo e insustentable.

14. En la actitud que asumamos ante el cambio y la conservación. Aquí es un atractor hacia el cambio histórico buscar un equilibrio entre expansión e integración, entre cambio y conservación en todo nuestro quehacer humano.

Mientras que continuar fascinados acríticamente con el cambio por el cambio, con la novedad por la novedad, en una ceguera de última hora que no puede mirar el carácter destructivo de la modernidad, es lo antiguo e insustentable.

15. En la actitud que asumamos en nuestra vivencia del poder. Aquí es un atractor vivir el poder de manera no egótica, es decir, practicarlo más allá de esa sensibilidad  que quería vivir desde el control y el dominio de la energía de los otros, y  empezar a vivirlo en colaboración, en redes horizontales, captando, en tanto seres empoderados, la energía libre disponible en el universo.

Mientras que continuar viviendo en la lógica del poder como dominio y practicarlo institucionalmente en la jerarquía, es lo antiguo e insustentable.

 

A manera de epílogo

¡En fin, son tantos y tan complejos los nuevos temas y desafíos que surgen ante los ojos sorprendidos y confundidos de hombres y mujeres que asistimos a la encrucijada del cambio epocal! Es cierto, estamos confundidos, de ahí que muchas veces las actitudes ante estos temas varíen incluso contradictoriamente en una misma persona. Pues, en este cambio de época, en una analogía histórica con lo ocurrido ayer en la transición desde la Edad Media a la Época Moderna, todo lo sólido de la modernidad se desvanece en el aire, parafraseando al viejo Carlos Marx.

Sin embargo, cuando lo sólido se desvanece, lo hace gestando otro aire. Es decir, cuando ahora, a finales de la época moderna, se desvanece la “solidez” de la propia modernidad, lo hace gestando el aire de una nueva aventura en una postmodernidad históricamente constructivista. Tal vez el secreto, o el simple nexo con la historia y lo cósmico, ahora consiste en tener los ojos y los oídos bien abiertos para descubrir y construir creativamente las nuevas brújulas que nos orienten en ese aire nuevo.

En la actual encrucijada, el desafío personal es asumir un bello y sereno gesto de rebeldía ante lo existente. Ayer, cada vez que nos desequilibrábamos hacia la destrucción, nos reinventábamos, nos reconstruíamos. Ahora, por qué no, si nuestra deriva y desafío vital es el mismo. Cada una de las contradicciones culturales que en el presente nos hacen sentido, son interpelaciones desde el otro que observa, desde la diversidad de vidas, desde las piedras y desde el vacío paradójicamente lleno de todos los seres y aquellas cosas que están llenas de los mismos átomos y moléculas que a nosotros también nos llenan.

Todo lo aquí escrito, nace desde mi convicción – y deseo – que el siglo XXI será ecológico, será masculino y femenino, será plural y diverso, será planetariamente fraterno, será socialmente más justo, será espiritualmente misterioso y encantado, será económicamente sustentable, o no será.

Sin duda, en un soñado futuro así renacerán una vez más nuestros dolores y alegrías, la belleza y la fealdad, el misterio y la certeza, habrá otras infelicidades y felicidades, las fuerzas de la creación-destrucción, el bien y el mal, el equilibrio y la violencia también impregnarán con su energía a unos y otros organismos. Mañana, más allá de los derroteros que siga nuestra evolución, igual que siempre, nos enredaremos en los motivos del corazón.

Pero todo eso, tal vez, ocurrirá en otro mundo, autohaciéndonos en un nuevo modo de vida. Joseph Campbell, en el prólogo de su notable libro primero sobre “Las Máscaras de Dios”, ha intuido hermosamente el sino más íntimo de nuestro Viaje: “La unidad de la raza humana, no sólo en su historia biológica, sino también en la espiritual, que por doquier se ha desarrollado a la manera de una única sinfonía, con sus temas anunciados, desarrollados, ampliados y retomados, deformados, reafirmados, y que hoy día, en un gran fortíssimo con todas las secciones tocando a la vez, avanza irresistiblemente hacia una especie de poderoso clímax; del cual ha de surgir el próximo gran movimiento. Y no creo razón alguna para que se pueda suponer que los mismos motivos no se oirán otra vez en el futuro, en nuevas relaciones, por supuesto, pero siempre los mismos motivos”.

El actual fortíssimo es simplemente transitar desde la emoción de la separatividad a un recuperar la vivencia en la emoción del extrañamiento, claro que ahora más sabios y menos temerosos. El extrañamiento es irrenunciable y a la vez nuestro signo más bello e íntimo, al ser la emoción de la conciencia en libertad.

Es que una cosa es dejar atrás la triste ilusión de separatividad (sinónimo de abandonar esa soberbia sensación de ego-ísmo, de distancia enajenada entre nosotros y la naturaleza en que hemos vivido tan intensamente en esta modernidad occidental); pero otra muy distinta, en tanto egos participes del mundo, es que estamos destinados a permanecer en la conciencia extrañada que es el vivir.

El extrañamiento es la intensa sensación ontológica de vivir confinados a la soledad (y libertad) más radical, como individuos y como especie; ese extrañamiento a la vez, paradójicamente, nos ha dotado con el impulso a la conversación, a la colaboración, a la emoción amorosa, a la autoconciencia.

En la larga y misteriosa historia del universo y la vida, evolutivamente aprendimos a extrañarnos, es decir, a sentir la auto-conciencia como la organización que somos y que deviene del propio universo.

En ese camino andado, primero en la evolución aprendimos a suspender el extrañamiento entre nosotros gracias a la bella y sabia estrategia de las palabras, del conocimiento y de los afectos; hasta después, en vital paradoja evolutiva, disociarnos hasta confundir el ineludible y libre extrañamiento con la ilusoria y extrema separatividad (con sus dolorosos ecos).

En el actual cambio de época, el nuevo y potente desafío es dar otro salto evolutivo y aprender ahora a suspender el extrañamiento con las otras especies y con la naturaleza, mediante un abrirnos a una comunicación más amplia, sabia e inclusiva, inspirada en el respeto a la diversidad de seres y energías que se desplazan en el todo cósmico. ¡Qué interpelación existencial es la que nos hace el actual cambio de época histórica! En silencio entonces miro una planta y siento que ella me ríe.

 

* Este tema del inicio del cambio de época lo hemos tratado latamente en el artículo Los años 60: un neorenacimiento que inicia un cambio de época (ver artículo en Sitio Cero) y en el capítulos u del libro Epitafio a la modernidad (ver en www.hernandinamarca)

** Entre otros artículos, la Reiner plantea esta teoría en su obra El Caliz y la Espada.

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