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Junto a los edificios, a reconstruir la com-unidad en el paisito

Junto a los edificios, a reconstruir la com-unidad en el paisito

Estos días en Chile hemos leído o escuchado en los MCM, pocas, muy pocas, reflexiones que apunten a reconocer la sistémica relación entre los movimientos telúricos, el maremoto y el desolador “terremoto moral” que acaecieron consecutivamente en este bicentenario nacional que recién comenzaba, salvo algunas notables intervenciones en redes sociales de diálogos ciudadanos.

El movimiento telúrico del 27 de febrero, que destruyó ciudades de la séptima y octava región, el maremoto, que ese mismo día devastó los pueblos costeros, y luego durante varios días hemos asistido perplejos ante el morbo televisivo que destacaba lo peor y más preocupante: el “terremoto” social y moral” activado por consumidores (pues no eran ciudadanos) que por la fuerza saquearon y provocaron incendios; también hemos visto a otros consumidores que con la razón del dinero compraron y acapararon todo lo que pudieron en su egoísta paso por los pocos escaparates abiertos en el comercio de los primeros días; y ahora último el vulgar espectáculo de los oferentes-consumidores, los empresarios, que han abusado en un saqueo permanente de las conciencias preparando las condiciones para un futuro saqueo de nuestras tarjetas y bolsillos, diciéndonos a grandes titulares “Miré como yo ayudo, acuérdese de comprar mi marca mañana”, “quiere usted aportarme doscientos pesos para venderme yo mismo un ladrillo y así ayudar a la reconstrucción” (eso de hecho hicieron algunos constructores), y todo amplificado con bombos, colores y bocinas en la TV y en la prensa escrita.

Las tres catástrofes -la de la tierra, la del agua y la de las mentes y acciones-, sin duda están relacionadas: el terremoto generó el maremoto y ambos, en el brutal y desolado paisaje humano que todos hemos construido en las últimas décadas, desencadenaron la barbarie de los consumidores y empresarios, ya sea con la razón o la fuerza… (Y todo esto sin mencionar siquiera la zona gris que iluminó el terremoto: el oportunismo egoísta de los empresarios de la construcción que ante la desidia del Estado fiscalizador recién ayer habían construido edificios y autopistas fuera de norma y mal hechas que en su mayoría son las que cayeron, exceptuando los pueblos costeros y de la zona central con sus construcciones de barro).

Es cierto que todo esto ha remecido a los ciudadanos que aún sobreviven en el paisito: aquellos que estos días vivieron una solidaridad desinteresada -no monetaria-, aquellos que se coordinaron fraternalmente para ayudarse, aquellos que estos días incluso se empezaron a mirar las caras -sé de muchas historias de vecinos en condominios, quienes luego de vivir varios años en la misma calle, sólo la dureza de estos días les permitió hacer comunidad…

En fin, con el dolor nos hemos dado cuenta que tras la apariencia de “Chico aplicado y trabajador del barrio” algo no andaba bien en el paisito, que las barreras de lo socialmente sano y de la solidaridad y los afectos son traspasadas y superadas fácilmente en contexto de crisis, campeando el más brutal egoísmo y el sálvese quién pueda. La buena noticia es que con este drama al menos hemos empezado a dialogar sobre todo esto, aspirando a recuperar el sentido de comunidad… no será fácil, luego de décadas de vivir en una sensibilidad neo-liberal a ultranza en las relaciones económicas, en la educación y en los mensajes de los mass media.

Recuperar la com-unidad -que alguna vez tuvimos, afirman los ciudadanos más antiguos- será sin duda lo más difícil en la reconstrucción física y moral del país… Lamentablemente las primeras señales del presidente que hoy se estrenó con una replica bien fuerte, van en la línea de lo que es propio en él como empresario símbolo de nuestros tiempos aciagos y socialmente salvajes, sin sociedad civil, atomizando todo lo que sea colectivo y destruyendo las redes sociales (salvo las virtuales): Piñera, primero ha re-instaurado como logo e idea fuerza de gobierno el inefable Por la Razón y la Fuerza, y a renglón seguido ha anunciado que habrán leyes para la reconstrucción (apurando incluso los ritmos de las normas ambientales), habrán leyes para las donaciones (que seguramente tendrán exención de impuestos y serán publicitadas urbi et orbi) y habrán subsidios del Estado para que las empresas contraten a trabajadores que harán la reconstrucción de edificios, etcétera. Pero nada más, ni una palabra respecto a la educación en el respeto y la solidaridad, al rol de los MCM, a los valores, a la reconstitución de la sociedad civil… Nada. Como siempre, como antes, ese desafío será responsabilidad de la sociedad civil y de todos aquellos que nos activamos con el sueño del poeta: imaginación de ayer, evidencia de hoy.

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